Wednesday, August 31, 2011

35c MSG: Presentación de Dimensionando a Dios en panamá

MSG: PRESENTACIÓN DE DIMENSIONANDO A DIOS EN PANAMÁ
DIMENSIONANDO A DIOS
LA NOVELA SOBRE JUAN PABLO DUARTE
EL PADRE DE LA PATRIA DE LA REPÚBLICA DOMINICANA

Por Manuel Salvador Gautier
Feria del Libro de Panamá
26 al 29 de agosto de 2011

INTRODUCCIÓN
Juan Pablo Duarte es el ideólogo de la independencia de la República Dominicana, proclamada el 27 de febrero de 1844. Es de los héroes que el pueblo dominicano reconoce y admira. Está considerado como uno de los Padres de la Patria, junto a Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella. Según los Apuntes que redactó su hermana, Rosa Duarte, la aventura de su involucramiento en las acciones independentistas comienzan cuando, en 1827, a los diecisiete años, viajaba a hacer estudios a Barcelona, en España. En ese momento, la República Dominicana estaba bajo el yugo de la República de Haití.
Dice Rosa Duarte: “El capitán del barco y Don Pablo Pujol (el tutor de Duarte) se pusieron a hablar de Santo Domingo sumamente mal y el capitán le preguntó a él (a Duarte) si no le daba pena decir que era haitiano. Juan Pablo le constestó: yo soy dominicano; a lo que con desprecio le contestó el capitán: tú no tienes nombre, porque ni tú ni tus padres merecen tenerlo porque cobardes y serviles inclinan la cabeza bajo el yugo de sus esclavos. Dice Juan Pablo: La vergüenza, la desesperación, que me causó tal confesión de que merecíamos ser tratados tan sin ninguna consideración me impidió pronunciar palabra, pero juré en mi corazón probarle al mundo entero que no sólo teníamos un nombre propio, dominicanos, sino que nosotros (tan cruelmente vilipendiados) éramos dignos de llevarlo…”
Rosa Duarte también explica que, a su retorno de Barcelona, uno de sus mentores le preguntó a Duarte “que era lo que en sus viajes le había llamado más la atención y le había agradado. “Los fueros y libertades de Baecelona, fueros y libertades que nosotros un día daremos a nuestra patria”, dijo.
Ese fue el compromiso que hizo Duarte a sus diecinueve años, y el que trató de cumplir.
Basado en estos dos episodios reales, estructuro la novela Dimensionando a Dios.

EL TEMA DE LA NOVELA: JUAN PABLO DUARTE
Desde principio de la década de los 90, cuando decidí dedicarme a la literatura, pensé en hacer una novela sobre Juan Pablo Duarte, el Padre de la Patria, a quien admiro profundamente. Como hago siempre cuando tengo un tema que me interesa, preparé un cuaderno para apuntar las ideas que se me ocurrían sobre el personaje escogido y guardar todas las informaciones que aparecían en los periódicos y revistas y que podían servirme. Pasaba el tiempo. Leí los Apuntes de Rosa Duarte sobre la vida de su hermano, la novela La vida de Juan Pablo Duarte de don Pedro Troncoso Sánchez y otros documentos, pero no encontraba la historia que me estimulara a recrear ese personaje desconocido que es nuestro Prócer de la Independencia. Hasta que en enero de 2009 fui a la puesta en circulación del libro Juan Pablo Duarte y Diez, Fundador de la República Dominicana, de Leonor Ayala G., tataranieta de Vicente Celestino Duarte, el hermano mayor de Duarte. Allí encontré lo que buscaba. Las hermanas Ayala revivían con sus investigaciones a un Juan Pablo Duarte joven, a un mozo de diecisiete años que viaja a Barcelona a hacer estudios superiores con un tutor avezado, un comerciante ducho que, entre otras cosas, había sido corsario al servicio de los intereses de España.
Rosa Duarte nos cuenta en sus Apuntes que Duarte partió hacia Barcelona (no dice claramente con qué ideas en la cabeza, sólo a estudiar) y que, durante el viaje, tuvo una experiencia inquietante en la que un capitán lo insultó, poniendo en duda su patriotismo. Duarte reaccionó airado, proponiéndose, desde ese momento, libertar a su país. Y volvió de Barcelona influenciado por las leyes o fueros de Cataluña, dispuesto a estructurar y a organizar su país con una constitución que proponía crear un cuarto poder, el regional o municipal, el poder de la comunidad, con el cual Duarte esperaba controlar, hasta donde fuera posible, el autoritarismo que heredamos del imperio español, que él vivió en Barcelona con el despotismo de Fernando VII, y que experimentó en una versión similar, producto de la independencia francesa y de la de sus esclavos haitianos, con la dictadura de Jean Pierre Boyer, Presidente de Haití durante la ocupación que ese país hizo al territorio dominicano por veintiun años.
Duarte pasó dos años en Barcelona. En sus investigaciones basadas en los escasos datos que hay sobre esta estadía, las hermanas Ayala llegaron a la conclusión que, en el único lugar donde el joven Patricio pudo estudiar durante estos dos años fue en el Seminario Conciliar de Barcelona, donde se forman los sacerdotes catalanes.
La idea me deslumbró:
¡Duarte había ido a Barcelona a estudiar sacerdocio! Una conclusión pelegrina a la que puede llegar la imaginación de un novelista, pero que no puede acoger un historiador, por falta de pruebas escritas.
Con esta idea en mente, determiné enseguida el curso de mi novela. Trataría sobre el conflicto que atormentó a Duarte, quizás durante toda su vida, entre su inclinación por servir a Dios y su deseo de luchar por la independencia y autonomía de su país.
En Dimensionado a Dios, doy substancia a este personaje.
El tiempo en que Duarte vivió en Barcelona se encuentra dentro de lo que la historia española llama “La década ominosa”, la década de terror, de 1823 a 1833, que Fernando VII, rey de España, impuso para dominar las ansias de autonomía de los catalanes. Como reacción, los catalanes formaron sociedades secretas para luchar por la independencia de Catalunya, como llamaban a su país.
Basado en estos hechos reales y supuestos, presento a un Juan Pablo Duarte ambicioso, decidido, a veces violento, que, desde el Seminario, se involucra en una intriga en la cual él se introduce en una de esas sociedades secretas y, junto con un compañero seminarista, estudia los fueros de Cataluña y las constituciones de Francia y Estados Unidos, con el fin de redactar una constitución que sirviera al nuevo país europeo. Así, dramatizo la manera en que la estadía de Duarte en Barcelona influyó en él para crear la Sociedad Secreta La Trinitaria, donde se formaron todos los patriotas que proclamaron la independencia, y para proponer, tan pronto se formó el país, la constitución que impediría la concentración de autoridad en el Poder Ejecutivo.
Algunas personas cercanas me han señalado que el título de la novela parece arquitectónico, influenciado por mi profesión. Otros consideran que me he extralimitado con un título que es casi una blasfemia contra Dios. La realidad es que todos los títulos de mis novelas son una síntesis del tema.
Voy a explicarlo.
Al final de la novela, motivado por una serie de acontecimientos, Juan Pablo Duarte concluye que la verdadera dimensión de Dios es la libertad. De aquí deducimos que todo lo que hizo durante su estadía en Barcelona, y todo lo que logró después, está permeado por esta intuición que nutre sus propósitos y lo impulsa a realizarlos. No hay dudas que Dios está ligado a la idea de libertad de Juan Pablo Duarte. No en vano lo coloca de primero en el lema: Dios, Patria y Libertad, que ideó para animar a sus compatriotas y que ubicó en la bandera nacional. Entendemos que Dios es su fuerza y, quizás, su debilidad. Dimensionando a Dios, Juan Pablo Duarte se dimensiona a sí mismo. En esa tesitura, surge el ideólogo de la libertad dominicana, el hombre que motivará a los otros a organizarse y a ejecutar el plan para lograr la independencia. Esta es su fuerza. Pero también emerge el pacifista, el hombre que, cuando hay que disputarle el poder a Pedro Santana, el general que obligó a los haitianos a retirarse a su propio país, se resiste a llevar al pueblo dominicano al matadero de una guerra civil. Esta es su debilidad. Una debilidad relativa, que nosotros apreciamos como tal por los resultados que tuvo: el alejamiento de Duarte de las decisiones para la estructuración final de la República Dominicana. ¡Quién sabe qué país tendríamos si Juan Pablo Duarte hubiese podido imponer sus ideas!
En Dimensionado a Dios, esa dualidad entre el ideólogo y el pacifista comienza a vislumbrarse.
Para mí, fue apasionante crear un personaje literario que respondiera a mi propia intuición de lo que fue, en la realidad, Juan Pablo Duarte. Este es el Padre de la Patria que les ofrezco y que comparto con ustedes.

LA ESTRUCTURA, LA TRAMA Y LA TÉCNICA DE LA NOVELA
La novela está dividida en tres partes, cada una subdividida, a su vez, en dos capítulos.
La primera parte, “En la búsqueda”, trata sobre el viaje de Duarte a Barcelona, donde tiene el enfrentamiento con el capitán del barco y decide luchar por la independencia dominicana. En esta parte, se presentan dos personjes en contradicción ideológica: Juan Pablo, el idelista, y su tutor, don Felipe Aguedó Calcull, el materialista. Hasta cierto punto, Aguedó Calcull es el alter ego de Duarte, el Duarte que hubiera sido si, en vez de dejrase llevar por la pasión de sus ideales independentistas, se hubiera concentrado en alcanzar el poder, un Duarte sin frenos y sin escrúpulos, como lo fue su oponente, Pedro Santana, atributos con los cuales logró la presidencia de la República Dominicana en sus inicios, donde impuso el autoritarismo como continuismo histórico del gobierno colonial.
La segunda parte, “El encuentro con Dios”, trata sobre la estadía de Duarte en el Seminario Conciliar de Barcelona, dedicado a establecer un vínculo con Dios, a pesar de las voces interiores que le recuerdan su compromiso libertario, y a pesar de comprobar que el sacerdocio es una preparación para imponer el dogmatismo fundamentalista de la Iglesia Católica. Allí conoce a don Miquel Mercer, seminarista dedicado a Dios, quien es el otro alter ego de Duarte, el hombre de fe que no se desvía de la causa de Dios, el Duarte que deseaba dedicarse a Dios y a la gloria de la Iglesia. En esta parte, comienza la intriga que llevará a Duarte a involucrarse con una sociedad secreta revolucionaria que lucha por la autonomía de Cataluña. También aparece la intriga en la que su tutor, don Felipe Aguedó Calcull, logra comprometerse para casarse con una heredera catalana, doña Esclarí de Pallares, una mujer de actuaciones misteriosas, que lo ubicaría entre los principales comerciantes de Barcelona, su gran ambición.
La tercera parte, “Dimensionando”, trata el momento en que finalmente Duarte se involucra con la independencia de Cataluña, comprometiéndose con los revolucionarios catalanes a convencer a don Miquel Mercer, su compañero seminarista, a que redacte una constitución para el país independiente por el cual luchan. En esta parte, Duarte define su dedicación a la causa independentista y debe decidir si sigue o no la causa de Dios. Aquí se unen las dos intrigas, la de Duarte por un lado y la de don Felipe Aguedó Calcull por el otro, ya que doña Esclarí, la prometida de Aguedó Calcull, resulta que pertenece a la sociedad secreta en la cual han involucrado a Duarte y es la persona que lo presenta a los revolucionarios.
La técnica usada en la novela consiste en alternar episodios entre Duarte y don Felipe Aguedó Calcull, en los cuales cada uno es el personaje principal.
En los episodios donde Duarte es el protagonista, el narrador está en tercera persona, intencionalmente, con el fin de crear un distanciamiento entre el personaje y el lector, de manera que este último tenga cierta objetividad en la apreciación y la apropiación del primero. Sin embargo, en ocasiones, se pasa a la primera persona, para recrear un momento íntimo del personaje. Y está el leif motiv: ¿Qué haces, hermanito, qué haces?, que se usa cada vez que Duarte percibe que no está cumpliendo con su compromiso de dedicarse a la independencia de su país.
En los episodios protagonizados por don Felipe Aguedó Calcull, el narrador está en primera persona, lo cual hace más dramáticos los despropósitos en que incurre el personaje.

CONCLUSIÓN
En Dimensionando a Dios, el autor introduce en la trama las características de Juan Pablo Duarte que se conocen históricamente. Entre estas:
La rabia e inconformidad que sintió cuando el capitán del barco lo insultó es la manifestación de un Duarte que se rebelaba contra el auroritarismo, lo cual motivó todas sus decisiones libertarias.
La disposición de hacer una sociedad secreta, cuando formó la Sociedad La Trinitaria, la adquirió en Barcelona. El planteamiento de crear una constitución donde existiera un cuarto poder, el municipal, lo trajo de allá; además, dijo explícitamente que lo adoptaría tan pronto pudiera hacerlo.
Incluyo una supuesta experiencia de Duarte en la presentación de obras teatrales, para enfatizar la estrategia que se trazó con el fin de ganar adeptos a la causa independentista en Santo Domingo, presentando obras como La viuda de Padilla, donde se proclama la libertad.
También aparece su atracción por las mujeres, con las cuales no llegaba a formar lazos permanentes. Se ha comprobado que la inquina que le tenía Tomás de Bobadilla y Briones, el cerebro que guiaba a Pedro Santana, se debe a que Duarte no cumplió con un compromiso de matrimonio que hizo con una sobrina de este. Sabe Dios si esto hubiese ocurrido, Bobadilla se dedica a promover a Duarte para la presidencia del país, en vez de a Santana, y toda nuestra historia sería distinta.
En Dimensionando a Dios, he tratado de recrear a un Juan Pablo Duarte que se corresponda con la verdad histórica; al mismo tiempo, lo rescato de ese mito que lo presenta como un hombre que pudo organizar los inicios de la indeopendencia pero que, por debilidades intrínsecas a su carácter, fue inconsistente, pues quiso ser, pero al final, tuvo que conformarse con no ser, quien dirigiera los destinos de la República Dominicana. El Juan Pablo Duarte que trazo es un hombre que toma decisiones y las lleva hasta donde puede hacerlo. Por qué no enfrentó a Pedro Santana es de las incógnitas que nuestros historiadores no han desentrañado o no han querido hacerlo. Como novelista, lo imagino: fue traicionado por quienes debían apoyarlo y, sin ese apoyo, resultaba vana la confrontación, un “matadero”, como dije antes… y Duarte era un idealista que cuidaba al detalle la ejecución de sus acciones; un realizador de cosas que fueran realizables, aunque parecieran imposibles, como fue la independecnia de nuestro país.
Dimensionado a Dios, en definitiva, es una demitificación de nuetro patricio Juan Pablo Duarte, una obra que maneja los recursos del postmodernismo.
En la Feria Internacional del Libro Santo Domingo 2011, en mayo de este año, la obra ganó el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, uno de los premios literarios de mayor prestigio en la República Dominicana. En el laudo, el Jurado otorgó el premio a esta obra…

“Por su calidad literaria y su excelente ritmo narrativo, que explora
utilizando la realidad histórica y la ficción, la conexión de
Juan Pablo Duarte en Barcelona y los movimientos libertarios de la
época que dan forma al pensamiento patriótico del Padre de la Patria.
La obra contribuye a un mejor conocimiento de la figura del patricio,
cuya biografía todavía mantiene facetas pendientes de exploración,
y enriquece igualmente la narrativa y la novela histórica dominicana.

35 VII Feria del Libro en Panamá


VII FERIA DEL LIBRO EN PANAMÁ

Pedro Antonio Valdez, Director Ejecutivo de la Feria Dominicana del Libro, me llamó por teléfono para decirme que yo había sido invitado por el Ministerio de Cultura a participar en la Feria del Libro de Panamá. Me explicó que este año la Feria había sido dedicada a la República Dominicana y que el Ministerio de Cultura (MINC) estaba enviando una amplia delegación.
Le pregunté qué haría yo allá.
-Presentar a Dimensionando a Dios, la novela tuya que ganó el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes este año.
Tuve curiosidad.
-¿Quiénes más van?
-Luis Santos, Ángela Hernández, Alejandro Arvelo, Valentín Amaro, Miguel Collado y más gente. Allá te encontrarás con muchos conocidos.
No me aclararon si alguien iba a presentar la novela, así que preparé un trabajo tomando en cuenta que Juan Pablo Duarte es un desconocido en Panamá (incluía el texto que leí en la presentación aquí, en MSG80, pero ampliado).
Por email me siguieron llegando informaciones: Ángela Hernández vendría en el mismo vuelo que yo; la salida en avión sería por Copa, Airlines, el viernes 26 de agosto a las 9:00 a.m., vuelo 271, y la vuelta el lunes 29 a las 3:40 p.m., vuelo 268; nos darían unos viáticos para los gastos diarios; en el aeropuerto de Panamá nos esperaba un transporte para llevarnos al hotel; el hotel en Panamá era el Whyndam Garden, en la Calle 58 de Obarrio.
Isael y Oneida Pérez, de Editorial Santuario, me dijeron que iban a la Feria y llevarían mis libros, y todo funcionó a las mil maravillas.
El día anterior, la secretaria de Editorial Santuario me llamó para solicitarme si podría llevar veinte ejemplares del libro El liderazgo de Leonel Fernández de Oquendo Medina (ya Isael estaba en Panamá), a lo cual dije que sí, pero que si yo tenía que pagar exceso de equipaje me lo tendrían que compensar. Por email, Isael y yo quedamos en que llevaría menos cantidad (12).
Me pude comunicar con Ángela, y acordamos que ella me pasaría a buscar en la madrugada en un trasporte del Ministerio que nos llevaría al aeropuerto. También a ella le pidieron llevar (el MINC) unos libros que el Ministro José Rafael Lantigua estaba esperando.
Ángela es una tercia. El viaje de ida lo pasamos lo más bien, hablando sobre todo lo que nos interesa: literatura, uno que otro chisme del sector…
Llegamos a Panamá, y no aparecía la persona que se suponía que nos debía recibir; pero sí estaba, lo que pasaba era que el letrero con nuestros nombres no se veía claro, y el hombre estaba retirado un poco del paso de llegada.
Tampoco en el hotel nos esperaba nadie. Era ya mediodía; Ángela y yo decidimos comer algo y averiguamos de un restaurant económico cerca del hotel. Cuando volvimos, tampoco encontramos a nadie. Resolvimos el asunto a media tarde, cuando finalmente nos fuimos a la Feria.
Esta Feria es muy distinta a la nuestra. La organiza la Cámara del Libro, una institución del sector privado, y la hacen en un centro de convenciones enorme bajo techo, el Atlapa. Los visitantes pagan 3 dólares, y los participantes tienen que llevar una cinta verde de la que cuelga una identificación para que no le cobren cada vez que entran y salen del edificio.
La gente va a comprar libros. Pero hay una serie de conferencias en unos salones en la segunda planta, y allí fui varias veces a oír a Adriano Miguel Tejada, Director del Periódico Diario Libre, hablar sobre Trujillo; a Miguel Collado sobre su libro en el que recoge una serie de ensayos sobre Bosch; a Ángela sobre su último libro El peso del rocío; a Luis Santos sobre su novela Princesa de Capotillo; a varios poetas (Ángela, Valentín, Basilio y otros) leer sus poemas; a Carlota Carretero con su grupo teatral paseando por los pasillos con un sainete sobre María de Toledo y otro en el teatro sobre los taínos y las ciguapas. En el entre tiempo, me iba al pabellón de la República Dominicana donde estaban nuestros libreros Virtudes Uribe y Juan Báez de La Trinitaria, Isael y Oneida Pérez de Santuario y Valentín Amaro del MINC.
El pabellón dominicano tenía un sitio privilegiado en el medio del inmenso salón donde estaban las editoras locales. Allí me sentaba en el área de Santuario a dedicar mis novelas. Apareció una señora joven y muy agradable que las compró todas.
-Desde que las abría y leía un párrafo quedaba encantada y la quería leer entera –me dijo.
Fue maravilloso. ¡Imagínense ustedes! Ese es el tipo de lector(a) que cualquier escritor quisiera tener… ¡por miles!
Allí también conocí a la señora que debía presentar mi novela, doña Marisa de Talaveras, una mujer muy amable. Le pregunté si era escritora o crítica.
-Soy organizadora de círculos de estudio, donde leemos novelas, biografías y demás.
Suerte para mí; doña Marisa invitó a todos los miembros de sus círculos, y muchos se aparecieron al acto de puesta en circulación. Fue el sábado a la 7:00 p.m. En su lectura, doña Marisa decía que, para compenetrarme tanto con Juan Pablo Duarte como se evidenciaba en la novela Dimensionando a Dios, yo debía haber sido también un luchador contra la tiranía. Bueno. Fue una magnífica presentación. Luego yo leí mi texto, se hicieron muchas preguntas y todo el mundo quedó satisfecho.
Continuamos Ángela Hernández, Franklin Gutiérrez y yo con un coloquio sobre la narrativa dominicana. Cada uno leyó un texto propio, luego siguió un debate muy interesante. Dio la casualidad que los tres textos que leímos trataban a la mujer en términos eróticos, y hubo que explicarle a la concurrencia que esa no era la única tendencia de la narrativa en nuestro país. Todo quedó aclarado y la noche terminó con unas hermosas palabras de la presidenta de la Cámara del Libro, Briseida Bloise, felicitándonos por haber traído una delegación intelectual de tanta altura.
Como ocurre a veces en estas salidas, me pasó un incidente. La noche del viernes, cuando puse el aire acondicionado para dormir, resultó tan frío que me causó una neuralgia en las muelas. A las once comencé a dar vueltas en la cama, diciéndome que iba a pasar. Apagué el aire, hice como que no me dolía, y me dormí. A la una, a las dos, a las tres me despertaba ya con un dolor de muela localizado en uno de los molares de abajo. Me dormí finalmente y cuando desperté a las 7:00 a.m. ya no tenía dolor. Pero decidí ir donde un dentista. Y aquí tuve a un Pedro Antonio Valdez que se portó como un hermano. Llamó a la Embajada para averiguar si alguien podía venir de allá a llevarme donde un dentista; cuando vimos que el asunto con la Embajada se dilataba, me acompañó donde uno que quedaba cerca; en fin, me hizo sentir muy bien. Gracias, Pedro, por esa demostración de amistad. Luego, en la Feria, se nos presentó Paola Caamaño, mi compañera de aventuras literarias en el grupo de Juan Freddy Armando, para decirme que ella era la que venía a acompañarme al dentista. Una pena que no se diera.
Por la tarde del domingo, Ángela y yo vistamos el canal, vimos el movimiento de tres barcos en las reclusas, seguimos a la ciudad antigua de Panamá (la tercera, fundada en 1673, según nuestro guía y chofer, la segunda fue en 1519 y la primera fue antes, en Portobelo) y le dimos vueltas entre calles estrechas y edificios muy hermosos y bien cuidados, luego pasamos por un puente larguísimo a unas islas turísticas y, finalmente, fuimos a un mall (centro comercial) tremendo (si gastamos diez minutos en cada tienda nos tomaría 37 horas visitarlas todas, dijo nuestro guía).
Nos acercamos a los edificios altísimos de ciudad de Panamá. Hay uno en especial que llaman el “tornillo” porque no tiene una fachada plana sino que se retuerce como un helicoide. Fabuloso.
Ya empaquetando, Isael me dijo que había combinado con una editora panameña para dejar los libros de Santuario en venta, allá en Panamá. Así que los libros que quedaron míos (se vendieron casi todos) están a la caza de lectores, yo espero que como la señora mencionada.
El viaje de vuelta fue, como siempre, un poco triste, callado. Ya nuestro pensamiento estaba en lo que teníamos pendiente en Santo Domingo para esa noche y los días siguientes.

Señores, para mí, el viaje valió la pena. Confirmé que mi obra narrativa es universal; puede ser apreciada por todos en todos los países… y eso resulta sumamente gratificante.

35d VII Feria del Libro en Panamá: Las fotos


VII FERIA DEL LIBRO DE PANAMÁ AGOSTO 2011

Los rascacielos de Ciudad de Panamá El "tornillo", edificio helicoidal postmoderno El Centro de Convenciones Atlapa, en todo su esplendor El Centro de Convencioness Atlapa, más de cercaEl Pabellón de la República Dominicana, en el área de Editorial SantuarioFrente a los paneles con los escritores dominicanos El Minsitro José Rafael Lantigua y el Director Alejandro Arvelo, entre otros, cortan la cinta para dar apertura a la Feria El Minsitro lantigua junto a la Presidenta de la Feria Briseida BloiseEl Embajador de la Rep. Dominicana Octavio Líster con intelectuales panameñas El Embajador Líster con una escritora famosa panameña
El Viceministro Alexander Santana y el Director Alejandro Arvelo figureando
Un pasillo agitado de la Feria
Un escritor revisa su textoEntre montañas de libros


El hombre se fija bien antes de comprar un libro

Escaparates de libros

Sunday, August 21, 2011

34 Luis Beiro y La fascinación de la rosa

LUIS BEIRO Y LA FASCINACIÓN DE LA ROSA
En VENTANA del Listín Diario del sábado 20 de agosto de 2011, Luis Beiro hace un análisis muy breve, pero muy sustancioso de esta novela.

Luis Beiro, novelista, cuentista, ensayista y gran difusor de la cultura dominicana


LISTÍN DIARIO
20 de agosto de 2011

Ventana
NARRATIVA
La fascinación de la rosa, de M.S. Gautier Portada de La fascinación de la rosa


Novedad. Doi Gautier brilla con luz propia.

Luis Beiro
Santo Domingo


Es la más interorista de sus novelas y también la menos anecdótica. No quiere esto decir que estamos en presencia de un texto reflexivo con una trama ambigua. El relato no está contado a través de esquemas lineales, contentivos de los tradicionales elementos técnicos. “La fascinación de la rosa”, con estética intimista y escrita en primera persona del singular revela la vida de un hombre que no se da por vencido a pesar de que los años han cambiado el color de sus cabellos.
En su plena madurez literaria, Manuel Salvador Gautier nos entrega esta historia de amor donde el hombre lucha contra sí mismo en busca de la juventud perdida, lejos de la pasión gratuita y de la entrega morbosa.
Esta novela reinventa a un personaje contradictorio y a su vez rico en matices (Federico Nadal) que de pronto descubre que el amor en pareja es la condición indispensable para mantener la frente en alto ante los avatares de la cotidianidad. El protagonista, al igual que su posible futura paraje, Luisa Escobar, está trabajado literariamente a partir de un desarrollo sicológico elaborado con precisión de orfebre y pulso de guerrero. Gautier se esmera en la conformación de sus personalidades, en la perfección de sus diálogos y en los diversos episodios donde se ponen en juego la autenticidad de sus ilusiones y sobresaltos. Poesía, filosofía y reflexión humanística acercan esta prosa a las encrucijadas de saber, con elementos de misterio y ansiedad que ambos protagonistas irán descubriendo entre espíritus desbordantes de optimismo y fantasmas de una irrealidad demasido complicada como para ser vencida fácilmente por un hombre dispuesto a todo por conseguir lo que ama. La novela, editada por “Santuario” es una valiosa oferta para los amantes de las letras y otra contribución de su autor a la literatura dominicana actual.

Friday, August 12, 2011

33 El Premio Feria del Libro Eduardo León Jimenes


EL PREMIO FERIA DEL LIBRO EDUARDO LEÓN JIMENES


Manuel Salvador Gautier recibe el premio de manos del Minsitro de Cultura José Rafel Lantigua y del Presidente del Grupo León Jimenes Abel Waschmann



En el 2010, Editorial Santuario me publicó tres obras: La Fascinación de la rosa, Gautier visto por Gautier y Dimensionando a Dios. Cuando hablé sobre los premios con Isael Pérez, su Presidente, le dije que inscribiría a La fascinación de la rosa en el Premio Nacional de Novela Manuel de Jesús Galván, porque era una novela más cosmopolita que podría ser apreciada por el jurado extranjero que nombran, mientras que Dimensionando a Dios la inscribiría en el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, porque el jurado allí es de dominicanos, que podrían apreciar mejor el giro que doy al pensamiento y obra de nuestro patricio Juan Pablo Duarte. La estrategia dio resultado.

El laudo que me entregaron en la ceremonia de premiación, el 17 de mayo de 2011, dice:


Ministerio de Cultura
Dirección General de la Feria del Libro y
Grupo León Jimenes
Acogiendo el veredicto unánime del Jurado otorgan

Premio Nacional Feria del Libro
Eduardo León Jimenes
a la obra

Dimensionando a Dios
del autor
Manuel Salvador Gautier

Por su calidad literaria y excelente ritmo narrativo, que explora,
utilizando la realidad histórica y la ficción, la conexión de
Juan Pablo Duarte con Barcelona y los movimientos libertarios de la
época que dan forma al pensamiento patriótico del Padre de la Patria.
La obra contribuye a un mejor conocimiento de la figura del patricio,
cuya biografía todavía mantiene facetas pendientes de exploración,
y enriquece igualmente la narrativa y la novela histórica dominicana.

Hecho y firmado de buena fe en un (1) original y una (1) copia,
A los diecisiete (17) días del mes de mayo del año dos mil once (2011)

José del Castillo: Jurado


Jeannette Miller: Jurado


Adriano Miguel Tejada: Jurado

Alejandro Arvelo
Director General de la Feria del Libro

33a Premio León Jimenes: Las fotos


LAS FOTOS




La mesa de honor, de pie mientras escuchan el Himno Nacional: Adriano Miguel Tejada, Jeannette Miller, Ministro José Rafael Lantigua, Abel Waschmann, Alejandro Arvelo y Luis del Castillo


La mesa de honor, durante el acto
Abel Waschmann, Presidente del Grupo León Jimenes
El Ministro de Cultura José Rafael Lantigua
Manuel Salvador Gautier y su sobrina, Alejandra Álvarez, durante el acto
Alejandro Arvelo, Director de la Feria del Libro

Manuel salvador Gautier recibe el certificado y el cheque de manos de Abel Waschmann y José Rafael Lantigua. Contempla: Adriano Miguel Tejada

33c Reportaje Listín Diario


REPORTAJE LISTÍN DIARIO



Edificio Listín Diario


Fuente: Listín Diario, miércoles 18 de mayo de 2011
CULTURA
Gautier gana Premio Feria del Libro 2011

Entrega. Manuel Salvador Gautier recibe el Premio Feria del Libro de manos del ministro de Cultura, José Rafael Lantigua, y del presidente del grupo León Jimenes, Abel Waschmann. Observan miembros del jurado.

Néstor Medrano
nestor.medrano@listindiario.com
Santo Domingo

El novelista Manuel Salvador Gautier obtuvo anoche el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, con el libro “Dimensionando a Dios”, que explora el viaje que hizo el patricio Juan Pablo Duarte a Barcelona de 1829 a 1831.
Al justificar la adjudicación del premio, consistente en un certificado oficial y un monto de 450 mil pesos, el jurado consideró la calidad literaria y el excelente ritmo narrativo del volumen, que recoge aspectos biográficos poco explorados del fundador de la República.
El jurado que valoró, lo que el autor definió como una novela histórica, estuvo compuesto por la Premio Nacional de Literatura, Jeannette Miller; el periodista Adriano Miguel Tejada y el escritor José del Castillo. Al hablar de parte del Grupo León Jimenes, su presidente Abel Waschmann, proclamó que esa empresa tiene el compromiso ineludible de seguir auspiciando ese certamen, toda vez que implica recoger lo mejor en la producción escrita de nuestros mejores escritores.
En ese sentido, el ministro de Cultura, José Rafael Lantigua, precisó que el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes formaba parte de los tres galardones más importantes que se otorgan en el país, junto al Nacional de Literatura, que se entrega conjuntamente con la Fundación Corripio y el Anual de Literatura que entrega el Ministerio.
Hizo un acto de agradecimiento a la empresa patrocinadora y motivó un aplauso para uno de los precursores de que ese galardón hoy sea una realidad, el extinto poeta Enriquillo Sánchez. Se trata de un texto ficcional que explora un fragmento de la vida de Juan Pablo Duarte, que lo relaciona con el referido viaje a Barcelona y los movimientos revolucionarios de la época que dan forma al pensamiento del Padre de la Patria. En esta ocasión participaron obras, lo que a decir de los organizadores del evento constituye una cifra récord, que expresa el interés y la motivación de los escritores dominicanos en el cada vez más concurrido concurso literario.
INSPIRADO EN EL PERSONAJE DE DUARTE
Manuel Salvador Gautier, dijo que el personaje de Juan Pablo Duarte siempre le ha causado fascinación; y que lograr esta obra lo colocó en uno de los puntos más importantes de su vida. Dijo que se sentía en la cima, con lo que significó que ahora su compromiso con la Literatura es mayor. El autor galardonado es ingeniero, arquitecto de la Universidad Autónoma de Santo Domingo e inició su obra literaria en el 1993, cuando obtuvo el Premio de Literatura con su tetralogía: Tiempo para Héroes.

33b Reportaje Hoy


REPORTAJE HOY





Fuente: Hoy, miércoles 18 de mayo de 2011

El País

José Lantigua, Abel Wachsmann, Alejandro Arvelo y Jeannette Miller, entregaron el premio a Gautier.

HOY/FELIX DE LA CRUZ

M. SALVADOR GAUTIER PREMIO E. LEÓN JIMENES
18 Mayo 2011, 12:17 AM
Manuel Salvador Gautier gana Premio Nacional Feria Libro
Escrito por: SOILA PANIAGUA E I.ROSARIO (s.paniagua@hoy.com.do)

El escritor Manuel Salvador Gautier ganó anoche el Premio Nacional Eduardo León Jimenes 2011, por su obra “Dimensionando a Dios”, SOBRE la vida de Duarte
El escritor dominicano Manuel Salvador Gautier ganó anoche el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2011, por su obra “Dimensionando a Dios”, que explora un segmento de la vida de Juan Pablo Duarte.
El veredicto lo dio el director general de la Feria Internacional del Libro, Alejandro Arvelo, en un acto que se celebró anoche en el Teatro Nacional en presencia del ministro de Cultura, José Lantigua, y de los jurados del premio, Jeannette Miller, José del Castillo y Miguel Adriano Gómez.
El Premio Nacional Feria del Libro lo otorga el Grupo León Jimenes y se celebra en el país desde 1997 con el objetivo de resaltar los valores literarios en República Dominicana.
Abel Wachsmann, presidente del Gupo León Jimenes, resaltó la importancia de la lectura y la cultura en todas sus manifestaciones, afirmando que la construcción de una mejor nación requiere de ciudadanos abiertos al conocimiento.
“Para el Grupo León Jimenes es de gran importancia galardonar y proyectar la biografía dominicana, como parte de nuestro compromiso con el desarrollo cultural local”. dijo.
Agregó que ese premio exalta cada año los aportes de los valores dominicanos, que con sus producciones contribuyen con el desarrollo de un pueblo capaz de entender su pasado, que es más consciente de su presente y más hábil para apreciar la complejidad de la vida.
El ministro de Cultura, José Rafael Lantigua, refirió que ese premio es más viejo que la Feria del Libro y se ha convertido en uno de los tres premios literarios más importantes de República Dominicana, constituyendo un incentivo para que más personas activen su creatividad y despierten su amor por la escritura y la lectura, fortaleciendo así esa área del conocimiento y las bellas artes.
Resaltó el valor del “Premio Nacional de Literatura, que otorga el Ministerio de Cultura y que administra la Fundación Corripio y que cada edición se enriquece con la declaración de un valor incuestionable de nuestras letras consagrado a un valor de toda la vida; los premios Anuales de Literatura que se conceden en distintos géneros, y este Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes”.
Tras ser declarado ganador del premio, Gautier, explicó que su libro “Dimensionando a Dios” es un texto ficcional que explora un segmento biográfico en la vida del patricio Juan Pablo Duarte, específicamente el tiempo en que viajó a Barcelona, de 1829 a 1831, etapa que la mayoría desconocía en el país.
Emocionado. Salvador Gautier dijo sentirse “muy emocionado” por la distinción de recibir ese premio por el que optaron 55 autores.
Contó que empezó a escribir en 1986, “por un impulso que le salió del alma” y hasta el momento ha escrito decenas de obras literarias, entre estas: “Toda la vida”, “Serenata”, “La fatalidad no está en un campanario de París” y “Jaime al descubierto”. Es ingeniero-arquitecto egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y doctor en arquitectura de la universidad Degli Studi de Roma. Ha publicado ensayos en varias revistas literarias.
Las claves
1. Valor metálico
El ganador del Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, Manuel Salvador Gautier, recibió un cheque por RD$450,000.00 y un certificado oficial. Agradeció la distinción, al tiempo que declaró su amor por la escritura y la lectura.
2.- Mejor conocimiento
La obra está a disposición del público en la XIV Feria Internacional del Libro, contribuye con un mejor conocimiento de la figura del patricio Juan Pablo Duarte, al exponer facetas de su biografía que no se habían explorado.

33d Reportaje Chiqui Vicioso

REPORTAJE CHIQUI VICIOSO





Chiqui Vicioso



Fuente: El Nacional, lunes 6 de junio de 2011
Opiniones

6 Junio 2011, 12:27 PM

Doi Gautier

Escrito por: Chiqui Vicioso (luisavicioso@hotmail.com)

Así como Fidel dijo que su máxima aspiración era poder pararse en una esquina y pasar desapercibido, Gabriel García Márquez afirmó que su gran objetivo en la vida era lograr, a través de su escritura, que la gente lo quisiera.
Creo que Doi Gautier, quien de todos modos no podría pasar desapercibido en ningún espacio, hace tiempo que se inscribió en el grupo de los segundos, es decir, de quienes aspiran con su obra al cariño colectivo.
Y eso vi, en las varias ocasiones en que nos tocó compartir actividades en la reciente Feria del Libro, donde recibió el Premio Nacional Feria del Libro: Eduardo León Jimenes, por su obra “Dimensionando a Dios”, sobre la estadía de Juan Pablo Duarte en Barcelona entre 1829-1831.
Bondadoso, galante caballero, sencillo, Doi pertenece a una estirpe casi en extinción. Arquitecto por formación, educado en la Escuela de Altos Estudios de Roma, Doi (como Saramago), se inicio tarde en la literatura, donde se ha desarrollado en el grupo de la Poesía Interiorista, con quienes ha recorrido ese otro interior, el de la nación, tan olvidado.
Con Doi compartí un panel sobre Salomé Ureña, y qué alegría fue observar como viejos, jóvenes, mujeres y hombres de toda clase y clases lo abrazaban y lo felicitaban de corazón: “Usted se lo merece; usted es, en resumen, un hombre bueno”.
El otro encuentro fue la Conferencia Magistral del escritor cubano Manuel Verdecia: El poder de la ficción y la ficción del poder”, un erudito en literatura cubana y de las lenguas inglesa y francesa, que ha traducido a la poeta norteamericana Sylvia Plath, a Walt Whitman y las novelas de la Premio Nobel Alice Walker. Premio Nacional en traducción, poeta, novelista, ensayista y cuentista que ha ganado premios en su país, curiosamente se le pidió una conferencia sobre Vargas Llosa, cuando hay tantos estudiosos aquí de la literatura cubana, entre ellos Marcio, Doña Norma y los Bosch. Doi nos hizo el honor de compartir la mesa.
Manuel además co-coordina, para la editorial Arte y Letras, de La Habana, una edición sobre la cuentística caribeña que se está preparando en tres lenguas para la próxima Feria del Libro que se dedicará al Caribe, donde Marcio Veloz Maggiolo hará la presentación de los autores de lengua hispana.
Contento con haber conocido al país, su gente, con Manuel compartimos ese breve espacio de felicidad que es la Feria, en medio del horror que causaron las fotos de los muchachos a quienes les volaron la cabeza en San Francisco, y el artículo de Tahira Vargas sobre la unidad de enfermos mentales de la Policía que remató a un muchacho en plena morgue. ¡Santo Cielo!
Para seguir escribiendo, puse en la pared ese rostro sonriente de la literatura que es Manuel Salvador Gautier, quien reivindica con su bonhomía a los buenos dominicanos.

33e Reportaje Buena Lectura


REPORTAJE BUENA LECTURA



Libros


http://buenalectura.wordpress.com/2011/05/20/la-verdad-histrica-segn-tres-acadmicos-de-la-academia-dominicana-de-la-historia/
BUENA LECTURA
Noticias y críticas de libros dominicanos
Santo Domingo, República Dominicana

LA VERDAD HISTÓRICA, SEGÚN TRES ACADÉMICOS DE LA ACADEMIA DOMINICANA DE LA HISTORIA
Por Editor
[Buena Lectura]



Adriano Miguel Tejada, Jeannette Miller y José del Castillo tienen en común no solo que constituyeron el jurado que otorgó el Premio Eduardo León Jimenes a la novela Dimensionando a Dios de Manuel Salvador Gautier, sino que también son miembros de la Academia Dominicana de la Historia, por lo que se les reputa versados en estos asuntos. El último de ellos es miembro de número, distinción harto honrosa en esa institución.
La novela galardonada, usando la ficción y con la licencia que otorga la literatura, recrea pormenores de cómo pudo ser el viaje de Juan Pablo Duarte a Barcelona (y lo que allí hizo), hechos ocurridos en fecha que todavía hoy los historiadores dominicanos no tienen consenso. Esa faceta de la biografía de Duarte es la menos documentada y la más imprecisa de su vida. No obstante esto, los tres académicos antes mencionados evacuaron un veredicto que en una de sus partes reza: “La obra [galardonada] contribuye a un mejor conocimiento de la figura del patricio, cuya biografía todavía mantiene facetas pendientes de exploración…”. Un conocido sociólogo e historiador dominicano escribió hace unos años un libro cuyo título responde a este desaguisado: La República Dominicana [no es más que] una ficción.
Esta entrada fue publicada el 20 mayo 2011 a las 10:14 AM y está archivada bajo las categorías General. Puedes seguir las respuestas de esta entrada a través de sindicación RSS 2.0. Tanto comentarios como pings de momento quedan cerrados.

33f Respuestas al cuestionario de Guadalupe Casasnovas

RESPUESTAS AL CUESTIONARIO DE GUADALUPE CASASNOVAS PARA EL LEONCITO


Guadalupe Casasnovas


Gaudalupe Casasnovas y Manuel Salvador Gautier
12 julio 2011

Guadalupe Casasnovas: Aunque ya había trabajado la importante familia Henríquez Ureña en su novela Serenata, ¿no pensó que era arriesgado hacer una novela histórica de la vida de Juan Pablo Duarte, Padre de la Patria de la República Dominicana?

Manuel Salvador Gautier: Juan Pablo Duarte es un personaje que ha sido manipulado por los historiadores dominicanos de tal manera que hoy en día apenas si lo entendemos. Desde que me dediqué a escribir narrativa, decidí que haría una obra que lo rescataría de este estado de incertidumbre. En Dimensionado a Dios, dimensiono a Duarte. Lo presento como a un ser inteligente, ambicioso, emotivo, decidido, imprudente, retador, analista, soberbio y mil cosas más, como son todos los seres humanos que viven intensamente sus vidas; un hombre que hace las cosas porque íntimamente está convencido de que debe hacerla; un hombre que no responde a las intrigas de otros, sino a sus propias evaluaciones y conclusiones; un hombre que se respeta a sí mismo. Al escribir sobre Duarte, no imaginé que corría riesgo alguno; todo lo contrario, sentí que al fin Duarte encontraba a un expositor que lo presentaría como el ser humano genial que fue y no como el mito deshumanizado, el pelele que lo han hecho.

GC: Ganar el premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2011, por la novela Dimensionando a Dios, ha sido la culminación de un año lleno de éxitos y reconocimientos, ¿piensa que ya al fin le llegó el reconocimiento nacional e internacional que merece su obra?

MSG: Cuando comencé a escribir narrativa, no se me ocurrió que iniciaba una trayectoria de escritor literario que tendría reconocimientos y premios; solo respondí a un impulso interior que me obligaba a sentarme frente a mí mismo para expresarme a través de la escritura, como ya lo había hecho en la arquitectura. Con mi primera obra publicada en 1993, la tetralogía Tiempo para héroes, gané el Premio de Novela Manuel de Jesús Galván que otorga, actualmente, el Ministerio de Cultura, lo cual me resultó sorprendente y una gran responsabilidad. Me obligó a repensarme. A entender que no escribía para mí mismo, sino para un público que apreciaba lo que hago. Esto hizo que me dedicara a no improvisar, a pulirme en literatura, a entender el mundo literario dominicano e internacional, a trabajar cada obra con el cuidado de un conocedor. Para mí, ganar el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes 2011, dieciocho años después de iniciar mi carrera literaria (1993-2011), es una prueba de que lo logré.

GC: A sus 81 años de vida tiene una novela de ficción no histórica, La fascinación de la rosa. ¿Tiene planes, proyectos, ideas diferentes para el futuro?

MSG: El que se mete de lleno en el ejercicio del escritor no tiene tranquilidad si no trabaja en un nuevo proyecto literario. Ahora mismo estoy inmerso en una novela escrita en una vertiente totalmente nueva para mí, la novela detectivesca o negra. Se llama El misterio de la corbata verde y es una intriga que trata sobre las relaciones entre las dos generaciones que dominan el mundo actual, la de los abuelos y la de los nietos. Imaginen las aventuras por las que pueden pasar un hombre de 70 años y su sobrino nieto de 25 en un ambiente de grupos revolucionarios internacionales que los secuestran para obtener una información que quieren.

GC: Empezó a escribir en 1986, aunque siempre escribió y sigue escribiendo sobre arquitectura; ¿encontró algún paralelismo entre sus investigaciones históricas y sus investigaciones sobre arquitectura? ¿Al contrario, trata de mantener ambas pasiones separadas?

MSG: El común denominador entre la arquitectura y la literatura es la creatividad. En la arquitectura manejo espacios y formas, en la literatura, palabras. Soy muy creativo en ambas, y muy disciplinado. Cuando investigo para restaurar el conjunto del convento e iglesia de Las Mercedes, en la Ciudad Colonial de Santo Domingo, o para recrear la vida de Juan Pablo Duarte, en Dimensionado a Dios, lo hago agotando todas las posibilidades a mi alcance, aunque siempre dejo una puerta abierta: mi imaginación. No me centro solamente en captar lo que me dicen las piedras o los libros e Internet, sino en interpretarlo a mi modo. Hoy, en arquitectura, estoy prácticamente retirado, pero me mantengo vigente en una de las especialidades que adquirí durante mi carrera, la conservación y restauración de ciudades históricas y monumentos. Soy aún el arquitecto conservador del conjunto de las Mercedes, miembro del Fondo para la Preservación de la Ciudad Colonial y Consultor del Viceministerio de Cultura en asuntos del patrimonio cultural. En cuanto a la escritura, soy miembro del Ateneo Insular, miembro correspondiente de la Academia Dominicana de la Lengua, asisto a conferencias, cursillos y otras actividades literarias, y, por supuesto, escribo ficción y ensayos.

GC: ¿Necesita (necesitamos) la novela histórica para explicar (explicarse) el por qué los dominicanos somos así? ¿Tiene y tenemos la necesidad de reinterpretar, completar, humanizar períodos oscuros y personajes importantes de nuestra historia para lograr esta comprensión?

MSG: Los historiadores tienen un problema, y es que para producir no pueden salirse de la documentación en la cual se basan, no deben “interpretarla”, con el agravante de que mucha de esa documentación adolece de ser escrita según los criterios personales o los prejuicios de quienes la redactaron. La novela histórica permite al escritor esa libertad de interpretación. En Serenata, yo baso la novela en las cartas que intercambió la familia Henríquez Ureña, pero lo hago no como consecuencia de lo que aparece escrito, sino de lo que no aparece, pero que yo siento ocurrió. Lo mismo hago en Dimensionando a Dios. Dos tataranietas de Vicente Celestino Duarte, hermano mayor de Juan Pablo, doña Leonor y doña María Teresa Ayala Duarte, investigaron la estadía, de 1829 a 1831, del Patricio en Barcelona, cuando fue a estudiar allá a la edad de diecisiete años. En el trabajo que las señoras publicaron, dicen que en el único lugar donde Duarte pudo estudiar durante esos dos años fue en el Seminario Conciliar de Barcelona, donde se forman los sacerdotes catalanes. Para mí, eso significó que Duarte comenzó a estudiar sacerdocio y lo dejó cuando prefirió ser el libertador de su país. Basé mi novela en el conflicto que esta situación le creó. Eso no puede hacerlo un historiador. No sería necesario reescribir la historia a través de la ficción si los historiadores no escribieran ficción a través de la historia. Para mí, por ejemplo, hay un período oscuro del siglo XX que los historiadores dominicanos no tocan. Mientras están dispuestos a discutir y argumentar que Mon Cáceres fue un dictador, no dicen ni demuestran que el gobierno militar de la ocupación norteamericana de 1916 a 1924 fue una dictadura sanguinaria que sirvió a Trujillo de ejemplo para armar la suya. Así, hay más instancias. Por eso escribí Balance de tres, para dar a conocer lo que significó esa invasión entre los hombres y mujeres de nuestro país.

La discusión sobre la dominicanidad es más compleja. Para mí, cada grupo humano en un punto particular de la tierra adquiere características de acuerdo a los hechos que realizan y al lugar que los moldea. Los dominicanos parece que no podemos escapar a la manera autoritaria y explotadora con que España nos manejó durante la colonia, y el autoritarismo y la explotación es lo que siguen ejerciendo los gobiernos y gobernantes democráticos actuales en un territorio que podría servir a todos los ciudadanos para su bienestar, porque es una tierra rica. El problema tanto con los historiadores como con los narradores es que van a expresar su dominicanidad desde su propia óptica, cuando hay que hacerlo desde una óptica multidisciplinaria.

GC: ¿Ha tenido, alguna vez, que reescribir una novela en la que su imaginación de novelista ha ido muy lejos? ¿Hay alguna interpretación, en cualquier de sus novelas y cuentos históricos, de la cual se arrepiente?

MSG: Todos los proyectos narrativos que he comenzado los he terminado. Nunca he reescrito nada porque haya pensado que “me he ido muy lejos”. Al contrario, en muchas ocasiones he pensado que me he quedado corto. Por ejemplo, en Tiempo para héroes quise cantar la gesta de la expedición de Constanza, Maimón y Estero Hondo, el intento de un grupo de héroes de deponer la dictadura de Trujillo en 1959. Pero no me conformé solo en cantar las hazañas de los héroes, también presento la idiosincrasia del pueblo dominicano frente a la dictadura en todos los estratos sociales, desde la defensa de los intereses económicos de las clases poderosas, hasta las actitudes de los moradores de los barrios marginales. Esto es lo que hace grande a esta tetralogía.

GC: En sus novelas existe una referencia constante a la espiritualidad, a la trascendencia del hombre en su paso sobre la tierra, ¿es usted un hombre religioso?

MSG: En 1995, cuando afanaba por enriquecer mis conocimientos literarios para producir mejores textos narrativos, tuve la suerte de entrar al Ateneo Insular, una sociedad de poetas dirigida por el Dr. Bruno Rosario Candelier. Allí me compenetré con el movimiento interiorista, basado en el mito, la metafísica y el misticismo. Conocí a poetas como Rilke y Matos Paoli, con enfoques espirituales distintos. Hay tres de mis novelas donde se sienten directamente los conocimientos literarios y la sensibilidad espiritual que adquirí allí: Balance de tres (2002), El asesino de las lluvias (2006) y La fascinación de la rosa (2010). En Balance de tres, el protagonista, un pragmático urbano que solo cree en las realidades que debe superar frente al enemigo, los invasores norteamericanos (de 1916), se da cuenta que tiene que aceptar e identificarse con las creencias mítico-religiosas de sus compañeros campesinos para poder entenderlos y dirigirlos. En El asesino de las lluvias, el protagonista trata de superar sus apetencias pecaminosas para lograr, a través de la poesía, la trascendencia y la unidad con el universo, el estado metafísico al que aspira llegar. En La fascinación de la rosa, el protagonista debe cumplir con un periplo que lo conduce a una revelación mística.

No sé si soy religioso; pero sí, que me fascina Jesús. Quizás algún día pueda novelarlo, como hizo Katzanzakis en la novela La última tentación de Cristo (1951) o Andrew Lloyd Weber (música) y Tim Rice (letras) en el musical Jesucristo Superestrella (1971).

GC: Las mujeres, en todas sus novelas, son personajes claves, muchas veces divididas entre sus deberes como esposas, madres e hijas, y sus deseos personales o ideales, inclusive las heroínas. ¿Cree que realmente las mujeres se encuentras siempre en esta disyuntiva?

MSG: En la novela Balance de tres (2002), aparece una protagonista, Teonil, que rompe con todos los esquemas de la mujer ideal, una ama de casa obediente a su marido, un modelo femenino creado por el machismo que prevalece en las sociedades del mundo con mayor o menor énfasis. Para mí, la mujer y el hombre se diferencian solo en sus aspectos físicos, y en el hecho de que la mujer puede procrear. Psicológicamente son iguales; tienen las mismas apetencias (sexuales o de riquezas), sufren las mismas emociones (amor, celos, etc.). Quizás varían las maneras de expresarse y, definitivamente, el hombre, con su fuerza bruta, puede hacer que predominen sus deseos por encima de los de ella. Como muchas de mis novelas son deconstrucciones de la sociedad actual, aparecen mujeres fuertes, protagonistas que dominan a los hombres o que no admiten ser dominadas por ellos.

En cuanto a si creo que la mujer está siempre ante la disyuntiva de servir al hombre o mantener sus deseos personales o sacrificar sus ideales, pienso que no. Si estudiamos sociológicamente a la mujer dominicana actual, aunque sea superficialmente, nos damos cuenta que, en muchas ocasiones, la mujer prefiere separarse del hombre; en los estratos más bajos, levanta su familia sola, abandonada del hombre o abandonándolo, y en los estratos más altos, se divorcia. Es una situación que va a tener cada vez más influencia en la conformación de las actitudes del dominicano (y la dominicana) frente a su vida.

Thursday, August 11, 2011

32c La hermosa Serenada de Manuel Salvador Gautier


LA HERMOSA SERENADA DE MANUEL SALVADOR GAUTIER

MANUEL GARCÍA VERDECIA


Por Manuel García Verdecia
En Holguín, 24 de julio de 2011


Con Serenata, Manuel Salvador Gautier nos ha regalado una hermosa novela. Lo es no solo por la historia que cuenta sino en mucho por la manera en que la narra. La obra constituye una suerte de retablo donde asoman incidental y convenientemente según los intereses expresivos del autor personajes de la historia fundacional de República Dominicana. En este caso se trata de la familia Henríquez-Ureña, cepa de patriotas e intelectuales que fijaron pautas trascendentes para el desarrollo de la civilidad y el pensamiento en esa nación. La obra de estos intelectuales, sin embargo, rebasa los límites de la pequeña mediaisla, y logra significativo impacto en todo el ámbito hispanoamericano, particularmente para los cubanos por lo que representó Cuba en sus vidas.

Gautier es arquitecto. No es un dato aquí accesorio. Esto quiere decir que se trata de un profesional con un sentido de la estructura y su función. Toda novela es una edificación cuya eficacia depende en mucho de cómo se organizan y combinan los elementos que soportan sus espacios de significación. Serenata constituye un grácil, dinámico y funcional palacete renacentista. Lo es por lo racional de su diseño, por el ritmo que articula sus componentes, por la penetración humanista que realza al hombre que lo habita. El mismo está conformado por un núcleo habitacional central, con claridad y lógica de altos ventanales que relata sucesos de las vidas de sus personajes en precisas datas reveladoras: 1878, 1890, 1901,1916… Este núcleo se conecta con aireadas galerías que se extienden en varias direcciones del tiempo y el espacio, las que permiten la incorporación de las estaciones de la memoria. Todo el edificio está presidido por un pórtico recoleto y lírico, que ofrece la alta tensión del tema que se trata. Este concepto constructivo permite disfrutar de la obra con plenitud de lo vital , lo ético y lo estético.

Hay que decirlo pronto, estamos ante una novela de amor. Ese es su tema y la gravedad aglutinadora de sus episodios. Ya el título denuncia esa pretensión romántica, de tonada enamorada y nocturna con que se quiere comunicar el objeto de interés. Sin embargo no es una novela de amor al uso, con fórmulas melosas y adocenadas. Se trata de un amor complejo y arduo, entre seres que ponen su pasión en caminos que se bifurcan pero no circunscriben, seres que piensan, sienten y se comprometen, se entregan abrasadoramente pero no pierden contacto con el mundo que los ciñe y reclama. Porque no es solo el amor a la persona con quien se quiere cabalgar por las sabanas de la vida. Es también al espacio donde el individuo alcanza la amplitud de su horizonte y su entramado con el otro, la patria. Así mismo, es también el amor a un proyecto de vida, a aquello por donde la persona se realiza como criatura sensible y pensante. Ser amado, patria y obra, son las extensiones de ese amor inspirador, eléctrico y edificante que aquí se canta desde la noche de la memoria.

La historia se cuenta desde tres perspectivas. La primera se denomina “Fabulación” y abre cada capítulo. La segunda está signada con un año y, ocasionalmente, un lugar. La tercera está imbricada dentro de la segunda y ocurre ad libitum, como un destello que se abre a otros tiempos y anécdotas concomitantes. El plano de las “Fabulaciones” es narrado en primera persona, en consonancia con el tono íntimo e intensamente lírico que lo constituye. El que relata un año preciso, se narra en segunda persona, de manera que el sujeto Francisco, está recibiendo el designio que se le impone desde la narración, o sea, desde el destino. Mientras tanto, los fragmentos en que la memoria cruza por la historia, con su manera liberal, se cuentan en tercera omnisciente, o sea, la memoria guarda todo y puede acceder a lo más íntimo y lo más distante, a los diversos tiempos, recolocando y relacionando todo. Aquí comprobamos la sagacidad del autor para, quebrando el espejo que enfoca en trozos apartes, obtener distintos ángulos que enriquecen el nivel de riqueza anecdótica y consecuente sugerencia.

La novela relata cuadros esenciales de la vida de Federico Henríquez y Carvajal. Los acoge en un arco que va desde 1878 hasta 1959, o sea, trasciende el ciclo biológico de su personaje, en simbólica intensión (visible en esa calle en medio del tráfago cotidiano e indiferente a la pompa demagógica que en el presente sostiene su nombre) de reflejar dónde ha ido a parar todo aquel empeño. Esto presupone dos cosas. En primer lugar que, como astros de un mismo sistema, entran en conjunción las vidas de Salomé Ureña y de los hijos de ambos, Pedro y Max, de modo que hay chispazos que nos iluminan segmentos importantes de las biografías de estos. En segundo término, al tratarse de la existencia de alguien cuya vida y obra estuvieron tan ligados a los destinos de su país, pues recorremos un tramo fundamental en el proceso de formación de esa nación.

Conocemos de la educación familiar en el hogar de los Henríquez, donde la madre juega un rol primordial (esta novela rinde constante tributo a la mujer criolla), el encuentro con y el definitivo deslumbramiento por Salomé, los intentos de Francisco para estudiar medicina y hacer una vida profesional próspera, las vicisitudes para mantener la familia así como para estar reunidos a pesar de los avatares políticos en que se veía inmerso, las relaciones distintas pero, a su manera, igual de amorosas con ambos hijos, tensas con Pedro, intensas con Max, el desempeño de Pancho para pacificar el país y lograr la unidad, su papel luego tratando de evitar la bancarrota ante el descontrol financiero de Lilís, su actitud vertical contra el anexionismo y el intervencionismo norteamericano. Pero también están sus amoríos ocultos y constantes, donde sobresale Constante, la parisina, en un duradero romance que le va a florecer en una hija, así como sus obsesiones y vicios. Se nos hace visible un hombre pleno de atenciones y sueños, alguien que ama la vida en sus más diversas expresiones y por eso es el ser atrevido, tenaz, sensible, atento y dedicado que es. Asomarnos a la vida de Francisco Henríquez Carvajal es vislumbrar las simientes de lo que sería el desarrollo histórico de la nación dominicana, con sus caudillos caprichosos, su inestable economía acechada por sus aventuras políticas, sus inevitables conflictos con el vecino país afro-francés y, decisivo, el acechante ojo rapaz del imperial vecino del Norte.

Sin embargo, la novela no solo refleja el componente político donde se involucra Francisco Henríquez sino que se nos presenta aspectos que dan señas del modo de vida de sus conciudadanos, de ciertas costumbres, del lenguaje popular, del accionar económico en que se ven insertos, en fin, que el panorama intenta brindar la mayor riqueza contextual. Ya se ha dicho que la novela es el intento de una totalidad. Es precisamente en la tentativa de reflejar lo subjetivo y lo objetivo, lo individual y lo colectivo, lo épico y lo lírico, lo social y lo psicológico, que se verifica el aporte de esta obra escueta pero intensa.

Hay un aspecto esencial a destacar. La narración sigue como con un foco teatral los avatares de la existencia de Francisco, sin embargo, uno siente a través de todo el texto la presencia inminente, sustantiva, determinante de Salomé Ureña. El novelista ha logrado, por virtud de los materiales biográficos que escoge, de las sutilezas narrativas que emplea así como de la solidaria perspectiva que asume, que uno respire en cada página el aroma fecundo de Salomé. Su inteligencia, su perspicacia para atinar su puesto en un mundo de varones pero donde su voluntad e inteligencia le ganan el respeto y un ángulo protagónico, su fuerza cohesiva para impedir el fraccionamiento del hogar, su estrategia de llevar familia y patria como asuntos paralelos, con igual ímpetu y sensibilidad, su devoción y su arte para convocar y fundar mediante la poesía y la pedagogía, emanan de la obra como los vapores de un campo recién llovido a mediodía. Por todo esto, podríamos decir que más que la novela de Francisco Henríquez y Carvajal es la aventura de la fuerza estimulante y germinativa de Salomé reflejada en los actos de aquel.

Un componente compositivo esencial es la utilización y el tejido del documento histórico y lo estrictamente imaginativo. El autor se ha apoyado básicamente en la correspondencia de la familia Henríquez Ureña. Bien se sabe que la epístola es un género íntimo, escrito para determinado ser al cual el escribiente expone sus actos, ideas y emociones. Por tanto, brinda una riquísima esfera de conocimiento acerca de la persona. El novelista ha sabido entresacar para su relato aquellos aspectos que arrojan más luces sobre la individualidad de sus personajes. En los diálogos se hace también visible el hábil manejo de las cartas, confiriéndole cercanía y legitimidad. Sin embargo, no es un mero trabajo de cortar y pegar información. La imaginación del autor ha logrado devolver dinamismo, coherencia y vivacidad a los fríos datos recogidos en los documentos. Lo fáctico y lo ficticio se han recombinado vigorosamente.

No obstante, si bien la simbiosis documento y ficción sirve para conformar una base veraz de lo que se cuenta, el autor consigue una obra atractiva y cercana. No se trata de presentar héroes epopéyicos. Hay bastante del antihéroe en esta historia. Veamos si no los celos de Francisco ante el talento de Salomé, su fácil corazón para amores eventuales, sus contradicciones con el hijo mayor, sus indecisiones en ciertas ocasiones, etc. Al presentar el personaje con sus veleidades y caprichos no busca el novelista estrictamente un modo de allegarnos al personaje histórico y hacérnoslo convincente. Se trata de una manera de exponer la rica complejidad de un carácter, de hacernos entender que la historia la hacen seres asaetados por una pasión pero que no dejan de tener carne sufriente y mente contradictoria.

La hermosa Serenata que entona Manuel Salvador Gautier es una lectura que nos deja el regusto de los grandes asuntos de una nación y, a la vez, de los pequeños, multitudinarios conflictos del hombre común, ese que ha sido depositado sobre este globo solitario para fundar obra y hallar un amor que alivie su desamparo. Mucho aprendemos de Francisco Henríquez Carvajal y su devoción por Salomé Ureña, pero también sobre ese hombre que intenta lo imposible y que todos, de un modo u otro, llevamos dentro.

32b Santo Domingo: Paisaje, Amistad, Libros




Manuel García Verdecia y amigos

Manuel García-Verdecia
En Holguín, a 29 de mayo de 2011


El martes 3 de mayo bajo un aguacero macondino arribaba yo a Santo Domingo. Era mi primera visita a la capital caribeña y el aeropuerto Las Américas me abría su regazo con gentil calidez. Al cruzar los inexorables controles y atravesar con mis bártulos la puerta de salida, encontré gestos, gritos, rostros, que me hacían pensar que no había salido de Cuba. Sin embargo había cruzado ampliamente el Caribe. Por esas circunstancias surrealistas que nos rigen, volé de Holguín a la Habana, de la Habana a Ciudad Panamá y de ahí a Santo Domingo, en un periplo que me alejaba para acercarme. Lo tremendo, nadie me estaba esperando, como dijo Guillén. Y ya sabe el que ha viajado lo que es hallarse en esta desheredada condición.
Llamándome a la serenidad me dirigí hacia un buró de atención al viajero, donde una beldad de verdad me atendió simpáticamente e hizo las llamadas pertinentes. Al rato un joven que derramaba sonrisas y disculpas vino a sacarme del aeropuerto. Una confusión lo había apartado de su empresa. Bajo la plomiza cortina de agua viajamos hacia la ciudad. Las calles parecían ríos por los que navegaban pomos, vasos, cartones, todos los rezagos que la civilización actual fabrica y luego tira inconsciente para agravio de la naturaleza.
Santo Domingo es una bella ciudad, mimada por el mar que la orla y defiende. Un mar que en las mañanas es de plata y en las tardes de oro. La avenida que lo acompaña está sombreada de palmas canas y otra vegetación menor que le confieren una mayor gracia que la de nuestro duro malecón habanero. Hermosos edificios y plazas entusiasman y exultan. Sin embargo, pronto algún dato imprevisto (un destartalado taxi –un conchero–, un desprovisto buhonero, un mendigo, un sitio mal preservado…) nos recuerda que estamos en una ciudad del mundo subdesarrollado, un lugar que quiere alzarse definitivamente pero años de depredación socioeconómica lo rezagan como un lastre indeseado. Es, por tanto ciudad de contrastes, opulentas torres de edificios y lujosas yipetas de último modelo van mano a mano de seres que pululan para solventar la supervivencia. Sin embargo, junto con los dones naturales que próvidamente Dios les regaló (montañas, verdores, caprichosa fauna activa, delicioso mar), son las personas el mejor agasajo de esta media isla. Seres gozosos, amables, fraternos y abiertos que se hermanan con facilidad.
Llegaba a la Capital Primada de América invitado por el Ministerio de Cultura para participar en los actos de la XIV Feria Internacional del Libro. Mi amiga, la poeta, dramaturga y narradora, Chiqui Vicioso –dominicana por nacimiento, cubana por vocación y caribeña por esencia–, a quien había conocido en las más insólitas y simpáticas aventuras durante el Festival de Poesía de Medellín 2008, había formulado la propuesta. La Feria, que se erige cada año como el acontecimiento cultural más fervoroso y expansivo del país, llama la atención por la versatilidad de sus propuestas y la magnitud de sus acciones. Bajo el lema “¡Leer te lleva lejos!” –este año emblematizado por una barca de letras que incitaba, “Embárcate”–, sus espacios y acciones se despliegan por toda la Plaza de la Cultura Juan Pablo Duarte. Es un vistoso recinto arbolado donde a los favores de la naturaleza se junta la esplendidez de las construcciones añadidas por el hombre. Entre el Teatro Nacional, el Museo de Arte Moderno y el de Historia Natural, un semillero de pintorescos quioscos y elegantes espacios expositivos florecía.
Como todo suceso originado y conducido por el hombre, no deja de tener sus pifias y embrollos. Pero eso lo dejo a los de la casa para que lo ventilen. Como cubano amistoso y agradecido –en la más diáfana tradición martiana de que “criticar es amar”– prefiero hablar de aquellos instantes que me nutrieron y que se instalan definitivamente en la luz de lo memorable.
Múltiples imágenes saltan a mi interés a través de los diecinueve días que duró el festejo. Como la Feria honraba a la Santa Sede en esta ocasión, su pabellón no solo constituía un sitio admirable sino de obligatoria visita. Entre sus paredes azules y oro, presidido por una réplica de La pietà, acogía una nutrida muestra de publicaciones. Destacaba, sobre todo, el despliegue de arte religioso, la exposición de códices, incunables y libros miniados. Me llenan aún los ojos como un vuelo de mariposas los puestos de exposición y venta de las distintas editoriales, un suculento sancocho (o ajiaco) para los lectores (y un sufrimiento tantálico para el visitante escaso de “cuartos”). Entre ellos estaba para nuestro regocijo el de la Cámara del Libro de Cuba, donde lamentablemente no se representaban todas las editoriales. Interesantes resultaban las nominaciones de calles con los nombres de autores dominicanos a quienes se quería honrar en la oportunidad. Así mismo, las acciones de teatro callejero y las exposiciones motivacionales de distintas universidades, convocaban espectadores a la vez que brindaban oportuna información. Las actividades en el pabellón de autores dominicanos tenían alta demanda. Evidentemente que hay un fervor hacia los escritores nacionales, pues las presentaciones eran muy nutridas.
Un sitio especial en el recuerdo es el Café Bohemio. Allí diariamente, desde la mañana hasta las diez de la noche en que cerraba la feria (con himno nacional y todos debidamente atentos), se reunían espontáneamente numerosos autores. Entre acciones plásticas, coherente música (sobresale un grupo de jóvenes violinistas que son una promesa cierta) y un divino café helado, Irene Corporán, la encargada del espacio, hacía actos de magia porque todo marchara aceitadamente. Por su parte, el pintor cubano radicado en esa ciudad, Jimmy Verdecia, regalaba a los autores presentados con versiones plásticas de asuntos de sus obras, en telas pintadas para cubrir las mesas. Fue aquí donde conocí a muchos escritores y mantuve minuciosas horas de examen no solo a dilemas de la producción literaria, sino también de la hora peliaguda por que atraviesa nuestro mundo. El sitio se convirtió también en vértice de encuentro de los cubanos, los que viajaban para la ocasión y los que andan por allá. Allí hacíamos escala de intercambio el narrador Marcial Gala, la editora Lourdes González de Arte y Literatura y el que suscribe.
Sumamente auspiciosa fue la reunión de trabajo que facilitó Chiqui Vicioso en su esplendida casa del Barrio Colonial. Nos acompañaba, atento y sabiamente cooperativo, Fidelio Despradel, legendario líder de la revolución de abril del 65, hombre justo y dialéctico donde los hay, que felizmente es el esposo de Chiqui. Esa noche, entusiasmados por el espíritu de Lourdes, diversos intelectuales concertamos ideas con el fin de ayudar a promover la Feria del Libro de La Habana, que se dedicará al Caribe. Una acción especialmente significativa será la preparación de una antología de cuentos caribeños en edición trilingüe, para dar mayores posibilidades de lectura en las tres lenguas básicas del área, francés, inglés y español. Bajo los auspicios de la editorial que preside la habanera Lourdes González, un grupo de coordinadores (Chiqui Vicioso, Marcio Veloz Maggiolo, Earl Lovelace, Jim Pepin y este cronista) trabajaremos para lograr esta empresa de acercamiento cultural.
Precisamente en esa reunión conocí en persona al novelista Marcio Veloz Maggiolo. Ya había leído su magnifica Mosca soldado (ganadora, entre otros, del Premio José María Arguedas de Casa de las Américas 2006), pero ahora tenía la ocasión de charlar con él sobre asuntos de interés mutuo. El escritor, desde la antropología y la arqueología, ha hallado sustento para su afán de invención. Así que desmenuzamos temas como su propia obra, amplia y varia, el estado de la novela actual en América, el Caribe como ámbito cultural, la traducción y sus vicisitudes (defiende la traducción realizada por creadores, pues según él son los que pueden acertar con las sutilezas de la obra), entre muchos. Marcio apuesta por las latitudes que abre la historia, con sus grietas incógnitas, a la ficción. Intercambiamos obras y las suyas me las regaló con el consentimiento de poder publicarlas en nuestra isla.
Otro instante de altas luces fue asistir a la conferencia de Chiqui sobre la vida y la significación de la obra de Juan Bosch. Entre un público mayoritariamente escolar, la autora fue desdoblando ocultos datos de la vida del hombre, el político y el creador. Chiqui insistió en lo imperioso de adentrarse en su obra, no solo como constructor de una democracia auténtica, independiente y provista para todos los hijos del país o como cuentista atinado, sino como teórico del género, con tesis decisivas sobre su estética, así como exhaustivo estudioso de la historia del Caribe. Bosch, se intuía de lo dicho por la intelectual, no era una asignatura del pasado sino para el futuro.
En el Pabellón de Escritores Dominicanos conocí a un verdadero notable. Se trataba del arquitecto, novelista y ensayista Manuel Salvador Gautier, cariñosamente aclamado como Doi. Ponía a conocimiento del lector otra novela suya, Serenata. En esos días había recibido el Premio Nacional Feria del Libro Eduardo León Jimenes, por su obra Dimensionando a Dios, que aborda la estadía de Juan Pablo Duarte, uno de los padres fundadores dominicanos, en Barcelona entre 1829-1831. Hombre atildado, de presencia amable y habla serena, suerte de Quijote sensato, en instantes ganó mi admiración. Conversamos de arquitectura, que lo conecta con Cuba, donde ha estado y a la que admira, así como de su dedicación tardía pero eficaz a las letras. La novela que me obsequió es una imaginativa y bien tramada saga que habla de un personaje amoroso, Salomé Ureña. Con atisbos líricos desde su epistolario y expansión complementadora a partir de la ficción, el novelista nos regala un panorama de una familia con extensiones cubanas y un proceso histórico decisivo. Salomé, no fue solo poeta y maestra, esposa de un hombre proverbial, Francisco Henríquez y Carvajal, sino que ambos prohijaron una estirpe de creadores: Francisco, Pedro, Max y Camila, cuya obra también abona las letras cubanas. La cercanía y estímulo de este hombre bueno y sensible quedan entre lo más afectivo de esas jornadas.
La noche del 11 de mayo se efectuó en el mismo pabellón la lectura Voces del Caribe. Coordinada por el poeta Valentín Amaro la acción intentaba ofrecer una visión de temas y maneras de la poesía que se está escribiendo en el Caribe. Lamentablemente no llegaron a tiempo los boricuas. De modo que realizamos la lectura los poetas Jesús Cordero, Domingo Guerrero y Alexis Tallerías, de Republica Dominicana, Samuel Gregoire, Markerson Jean Batiste, Gastón Saint Fleur y Emmanuel Agenol, de Haití, así como Raysa White, Marcial Gala y este servidor, por Cuba. Pudimos comprobar la similitud de temas, dominados por la inconformidad con un ámbito estéril, la presencia del dolor –afilado y demoledor, en la excelente recitación de los haitianos, sobre todo en Agenol– y también la nostalgia de lo posible. El recital estableció una comunión inmediata y entrañable.
Uno de los momentos para mí más entrañables fue la visita a un centro de enseñanza secundaria. Como parte del Plan de Extensión de la Lectura, el miércoles 18 me llevaron a la escuela Palacio de España. Me acompañaba el narrador oral Luis Pelegrín, conocido como Cuento Bastón, que hacía de presentador y amansador de los vitales muchachos con sus chistes y poemas. En el centro, de carácter público y enclavado en un área humilde de la ciudad, nos recibió un inquieto hormiguero de jóvenes, risueños y como desconfiados de lo que haríamos. El acercamiento se me hacía interesante por lo difícil, pues no escribo para jóvenes y mi obra se enfoca sistemáticamente en la angustia y el desaliento provocados por la mezquindad de los hombres. De modo que me apoyé en mis mañas de maestro y les hablé de la importancia de la lectura para multiplicar nuestras experiencias vitales. Les fui haciendo una historia a partir de mi propia niñez pobre y solitaria, sostenida por la vocación de mis héroes literarios que me daban fuerza y sentido. Intentaba convencerlos de que somos lo que sabemos, algo de lo que nada ni nadie nos puede expropiar, y en crecimiento del ser, la lectura es una compañía segura, fértil y luminosa. En ningún otro momento me sentí tan útil ni tan arropado de comprensión y afecto. Al final venían sonrientes a darme la mano y hacerse fotos conmigo. Si hay algo que me inspira es pensar que esa mañana haya ayudado en alguna medida a fijar un pensamiento verdadero en alguna de aquellas mentes fervientes.
Casi al borde del cierre de la Feria, el jueves 19, el Auditorio del Museo de Historia Natural acogió mi conferencia, “Mario Vargas Llosa: el poder de la ficción y la ficción del poder”. Aunque había propuesto varios temas cubanos, los organizadores me solicitaron abordar al flamante Nobel. Ante una audiencia donde destacaban alumnos universitarios, periodistas y escritores (me honraban con su compañía Marcio Veloz y Doi Gautier), establecido como preámbulo que hacía aquel discurso en la fecha cuando 116 años atrás había puesto su pecho a las balas el más grande de todos los cubanos, desarrollé mi ponencia. El tema básicamente plantea que la obra de Vargas Llosa resulta una saga que describe el mecanismo y las maneras del poder, no solo del político, sino de las diversas maneras de dominación –ideológica, económica, sexual, convencional, mítica, etc. – con que unos hombres someten a otros. El novelista peruano emplea el poder de la ficción para desvelar la ficción del poder, o sea, los mecanismos subjetivos de que este se vale para prevalecer y sojuzgar. Esto lo ejemplifiqué a partir de referencias a dos obras paradigmáticas del novelista, Conversación en La Catedral y La fiesta del Chivo. Sobre esta última apunté que sabía que muchos lectores dominicanos no la aprobaban por hallar ciertas incongruencias históricas, que sin embargo, mi lectura desprejuiciada y externa, me permitía comprobar los valores esenciales de la obra de ficción, pues no se me ocurriría buscar los datos fácticos de la historia en una novela, sino las sutilezas que me acercaban a lo más intangible e indemostrable, inalcanzable para los datos pero concretable para la invención. Los comentarios no solo fueron elogiosos sino enriquecedores.
El lunes 23, tras una noche en vela en el Aeropuerto Nacional y un vuelo en el tembloroso avioncito que me devolvía a mi tierra (bien temía Lezama a esa fina lámina de aluminio que nos separa de la eternidad), regresaba al “sitio donde tan bien se está”, mi hogar. Esa tarde llovió largamente. Dicen los amigos que conmigo retornó la ansiada lluvia a estos dominios. ¡En hora buena! Ojalá sean señas promisorias de la siembra de esos días de bellos paisajes, cordial amistad y fecundos libros que resultó la XIV Feria del Libro de Santo Domingo.