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Monday, May 10, 2010

07d Palabras de Manuel Salvador Gautier: Puesta en circulación de Dimensionando a dios

PALABRAS DE MANUEL SALVADOR GAUTIER



MSG y Alejandra Álvarez
JUAN PABLO DUARTE
Desde principio de la década de los 90, cuando decidí dedicarme a la literatura, pensé en hacer una novela sobre Juan Pablo Duarte, el Padre de la Patria, a quien admiro profundamente. Como hago siempre cuando tengo un tema que me interesa, preparé un cuaderno para apuntar las ideas que se me ocurrían sobre el personaje escogido y guardar todas las informaciones que aparecían en los periódicos y revistas y que podían servirme. Pasaba el tiempo. Leí los Apuntes de Rosa Duarte sobre la vida de hermano, la novela La vida de Juan Pablo Duarte de don Pedro Troncoso Sánchez y otros documentos, pero no encontraba la historia que me estimulara a recrear ese personaje desconocido que es nuestro Prócer de la Independencia. Hasta que en enero de 2009 fui a la puesta en circulación del libro Juan Pablo Duarte y Diez, Fundador de la República Dominicana, de Leonor Ayala G., tataranieta de Vicente Celestino Duarte. Allí encontré lo que buscaba. Las hermanas Ayala revivían con sus investigaciones a un Juan Pablo Duarte joven, a un mozo de diecisiete años que viaja a Barcelona a hacer estudios superiores con un tutor avezado, un comerciante ducho que, entre otras cosas, había sido corsario al servicio de los intereses de España.
Rosa Duarte nos cuenta en sus Apuntes que Duarte partió hacia Barcelona (no dice claramente con qué ideas en la cabeza, sólo a estudiar) y que, durante el viaje, tuvo una experiencia inquietante en la que un capitán lo insultó, poniendo en duda su patriotismo. Según Rosa, Duarte reaccionó airado, proponiéndose, desde ese momento, libertar a su país. Y volvió de Barcelona influenciado por las leyes o fueros de Cataluña, dispuesto a estructurar y a organizar su país con una constitución que, como ya se ha planteado en este evento, proponía crear un cuarto poder, el regional o municipal, el poder de la comunidad, con el cual Duarte esperaba controlar, hasta donde fuera posible, el autoritarismo que heredamos del imperio español, que él vivió en Barcelona con el despotismo de Frenando VII, y que experimentó en una nueva versión, producto de la independencia francesa y de la de sus esclavos haitianos, con la dictadura de Jean Pierre Boyer.
Duarte pasó dos años en Barcelona. En sus investigaciones basadas en los escasos datos que hay sobre esta estadía, las hermanas Ayala llegaron a la conclusión que, en el único lugar donde el joven Patricio pudo estudiar durante estos dos años fue en el Seminario Conciliar de Barcelona, donde se forman los sacerdotes catalanes.
La idea me deslumbró:
¡Duarte había ido a Barcelona a estudiar sacerdocio!
Y enseguida determiné el curso de mi novela. Trataría sobre el conflicto que atormentó a Duarte, quizás durante toda su vida, entre su inclinación por servir a Dios y su deseo de luchar por la independencia y autonomía de su país.
En Dimensionado a Dios, doy substancia a este personaje.
El tiempo en que Duarte vivió en Barcelona se encuentra dentro de lo que la historia española llama “La década ominosa”, la década de terror, de 1823 a 1833, que Fernando VII impuso para dominar las ansias de autonomía de los catalanes. Como reacción, los catalanes formaron sociedades secretas para luchar por la independencia de Catalunya.
Basado en estos hechos reales y supuestos, presento a un Juan Pablo Duarte ambicioso, decidido, a veces violento, que, desde el Seminario, se involucra en una intriga en la cual él se introduce en una de esas sociedades secretas y, junto con un compañero seminarista, estudia los fueros de Cataluña y las constituciones de Francia y Estados Unidos, con el fin de redactar una constitución que sirviera al nuevo país europeo. Así, dramatizo la manera en que la estadía de Duarte en Barcelona influyó en él para crear la Sociedad Secreta La Trinitaria y para proponer, en 1844, la constitución que impediría la concentración de autoridad en el Poder Ejecutivo.
Algunas personas cercanas me han señalado que el título de la novela parece arquitectónico, influenciado por mi profesión. Otros consideran que me he extralimitado con un título que es casi una blasfemia contra Dios. La realidad es que todos los títulos de mis novelas son una síntesis del tema.
Voy a explicarlo.
Al final de la novela, motivado por una serie de acontecimientos, Juan Pablo Duarte concluye que la verdadera dimensión de Dios es la libertad. De aquí deducimos que todo lo que hizo durante su estadía en Barcelona, y todo lo que logró después, está permeado por esta intuición que nutre sus propósitos y lo impulsa a realizarlos. No hay dudas que Dios está ligado a la idea de libertad de Juan Pablo Duarte. No en vano lo coloca de primero en el lema que ideó para la bandera: Dios, Patria y Libertad. Entendemos que Dios es su fuerza y, quizás, su debilidad. Dimensionando a Dios, Juan Pablo Duarte se dimensiona a sí mismo. En esa tesitura, surge el ideólogo de la libertad dominicana, el hombre que motivará a los otros a organizarse y a ejecutar el plan para lograr la independencia. Esta es su fuerza. Pero también emerge el pacifista, el hombre que, cuando hay que disputarle el poder a Pedro Santana, se resiste a llevar al pueblo dominicano al matadero de una guerra civil. Esta es su debilidad. Una debilidad relativa, que nosotros apreciamos como tal por los resultados que tuvo: el alejamiento de Duarte de la toma de decisiones para la estructuración final de la República Dominicana. ¡Quién sabe qué país tendríamos si Juan Pablo Duarte hubiese podido imponer sus ideas!
En Dimensionado a Dios, esa dualidad entre el ideólogo y el pacifista comienza a vislumbrarse.
Para mí, fue apasionante crear un personaje literario que respondiera a mi propia intuición de lo que fue, en la realidad, Juan Pablo Duarte. Este es el Padre de la Patria que les ofrezco; lo comparto con ustedes.

AGRADECIMIENTOS
Mi obra literaria crece con la presentación de este libro.
Mi agradecimiento va:
A Isael Pérez, Presidente de Editorial Santuario, y a Oneida González, su incansable asistente, por haber publicado la obra.
A la lic. Amalia Inchaustegui de Hernández, directora del Colegio Santa Teresita, que escogió a Dimensionado a Dios como libro de lectura para el VII Concurso de Literatura del Colegio que preside.
A los ponentes, Jaime Tatem Brache, Frank Moya Pons y Nestor Saviñón, por haber presentado trabajos esclarecedores. Cada cual en su especialidad, ha dado a conocer aspectos de la novela que son importantes para apreciarla mejor.
A la Fundación Amigos del Museo de las Casas Reales, por habernos cedida este local colonial, ambientado magistralmente con las obras pictóricas de Antonio Guadalupe. En especial, a Jacinto Mañón, su secretario, eficiente y emprendedor.
A Vinos S. A., que nos brinda el delicioso vino que disfrutaremos entre amigos, cuando concluyan las disertaciones.
Y, por supuesto, a ustedes, los amigos y amigas que han venido a celebrar conmigo la entrega de una nueva obra literaria mía.

Ahora, en nombre del Consejo Nacional MSG80, haremos entrega de algunos galardones.

7 de abril de 2010

Sunday, May 9, 2010

7c Análisis de la Constitución de Duarte

Análisis de la constitución de Duarte, según lo encontramos plasmado en la obra Dimensionando a dios de la autoría de Manuel Salvador Gautier
Por Néstor Juan Saviñón Portorreal
MSG con Hecmilio Galván y Lourdes Billini

Es justo conocer una época para entender los textos que emanan de la misma. Duarte, como bien lo señala esta novela donde ficción y realidad quedan unidas en un contubernio inseparable, desde joven manifestó deseos de buscar una solución severa, jurídica y humana a los problemas de su país .

Europa está viviendo, hacia 1830, una de sus eras más convulsas, donde las semillas de la Revolución Francesa se han mezclado con la izquierda y las revoluciones ocurren con mayor periodicidad que la asistencia a misa. Cataluña, uno de los lugares que más impactó al joven caribeño que luego devino en el Padre de la Patria de la República Dominicana, había perdido sus Fueros o leyes autonómicas especiales tras un levantamiento pro independentista en 1770 y luego, en tiempos de Juan Pablo, grupos muy interesantes dan sus primeros pasos en la política revolucionaria.

Me refiero a los carbonarios, quienes eran masones, pero de extrema izquierda, rayando en el anarquismo y nihilismo y desde 1830 hasta la fronda de 1848 en París, tuvieron en jaque a todos los gobiernos de la época.

Una de las fuentes citadas en la obra como inspiración al Proyecto de Constitución Duartiano son las constituciones francesas de 1791, 1793, 1795, 1799, 1814 y 1830, que cubren el período de pleamar y bajamar de las pasiones en Francia: Monarquía, Girondinos, Jacobinos, Directorio, Consulado e Imperio y Monarquía nuevamente, pero cada una ejemplo de concisión.

El autor, con gran elegancia, hablando de La Ciudad de Dios de San Agustín, Obispo de Hipona, señala como esa tesis de separación también serviría para justificar la iniquidad de regimenes totalitarios y explotadores.

Con respecto a nuestro ente en cuestión, es decir el Proyecto de Constitución Duartiano, debemos acotar lo siguiente

1. El título I, denominado La Ley, que comprende los 15 primeros artículos, es una adaptación ingeniosa de las constituciones francesas señaladas;

2. En el artículo 23 se establece una división territorial en cuanto a lo administrativo, judicial, eclesiástico, militar, marina, hacienda y poblaciones.

Al respeto cito un artículo de mi autoría que apareció en El Caribe hará cosa de un mes: “Duarte, pensador y fundador de la nacionalidad .Juan Pablo Duarte fue el artífice de la independencia nacional dominicana. Nadie como él sacrificó tanto en pro de su terruño. Pero no sólo se destaca como hombre de acción, creando sociedades conspirativas y patrióticas como La Trinitaria, La Filantrópica y La Dramática, sino que en su persona había una mente sosegada y ponderada que había creado un esquema de país, pero que nunca se pudo implementar. Primero, debemos señalar que el anecdotario nacional recuerda sus frases inmortales sobre el amor de la patria y el compromiso a luchar en contra de los malos dominicanos, segundo, su hermana, Rosa Duarte, en su diario, recoge un proyecto de Constitución de Juan Pablo Duarte, donde nuestro prócer da muestras de visión. Señalaba que era preferible el sistema federal, ya que así cada provincia podía resolver sus problemas más acuciosos e inmediatos y dejar aquellos que por su naturaleza afectan a toda la colectividad en manos del Gobierno Central. Eso choca con el sistema centralista que aún tenemos, donde todo dinero o ayuda se irradia de la capital y donde no lleguen los rayos benéficos de la ayuda del Estado está condenada a la pobreza y olvido. No creía que un ayuntamiento debía depender de los caprichos del Gobierno, sino que debía ser un instrumento de descentralización administrativa, es decir, que el Estado le traspasare algunas funciones menores que el gobierno municipal ejecutaría en su demarcación territorial, siendo económicamente sustentables. Como vemos, hoy día las cosas evolucionaron para peor, ya que existe una dependencia fortísima del sistema municipal con El Estado. Es posible que la constitución que más se acercare a la a duartiana fuere la de Moca de 1857, donde muchos de los elementos ut supra indicados fueron tratados y se les confirió el mismo enfoque, aunque esta era más ambiciosa, ya que pretendía una creación de provincias autonómicas que hubiese sido única en el mundo. España consigna eso en 1978 en su Constitución post franquista y Francia algo parecido en 1958, es decir, los legisladores de Moca se adelantaron cien años a su realidad. Debemos, pues, admirar a Duarte y al resto de los patricios que forjaron la dominicanidad, ya que ellos trataron de forjar una nación próspera, digna y de educar ciudadanos. Su obra debe ser defendida y protegida, ya que en sus pensamientos se encuentran los conceptos medulares de nuestra razón de ser como país, así como mecanismos vitales que nos ayudarán a engrandecernos como nación y superar campantes los obstáculos que nos tenga deparados el futuro.

Si observamos, hablamos, además, de una descentralización territorial y administrativa sin precedentes. Conceptualmente, lo más cercano que conozco a este tipo de administración de territorio es de una ley de 1985 la loi d`amenegement du territoire, ley impulsada por Mitterrand, donde hay 4 escalas de gobierno, o el caso de la Constitución Española de 1978, donde hay 3 niveles de administración pública.

3. Su intención de consignar como Poder Estatal al Municipio es una reminiscencia a sus días en Catalunya y al estudio de los fueros ya mencionados;

4. Hay elementos de la Constitución americana de 1787, la de Cádiz del 1812 y las francesas señaladas que se repiten en ese Proyecto, y dado que todas fueron elaboradas por masones o al menos estos estuvieron involucrados, soy de la opinión, como sugiere la novela que comentamos, que el patricio tuvo vínculos con los carbonarios y asistió a tenidas masónicas, y probablemente se inició allá. Lo comento, por que los colores de la bandera nacional designados por Duarte poseen un significado muy especial en esta hermandad, y el primer escudo dominicano, el cual se le atribuye al Patricio, posee simbología del grado 18 del Rito Escocés Antiguo y Aceptado.

Creo sinceramente que debemos permitirnos intentar vivir en esta Constitución Duartiana y, ante todo, educar ciudadanos que tengan fe en la misma, ya que estamos compelidos a mejorar nuestro país para que las nuevas generaciones puedan conocer un país más justo y digno. Y si lo logramos, habremos honrado a Duarte, a todos los prohombres de nuestra historia y a nosotros mismos.

07b Frank Moya Pons: Texto escrito para la novela Dimensionando a Dios

TEXTO ESCRITO PARA LA NOVELA DIMENSIONANDO A DIOS
Por Dr. Frank Moya Pons



En fila de alante, Virginia Álvarez, María Josefina Álvarez y Eugenio Pérez Montás. En la fila de atrás, el panelista Néstor Saviñón

Señoras y señores:
Los amigos y admiradores de Manuel Salvador Gautier nos reunimos en esta ceremonia para poner en circulación su nueva novela titulada Dimensionando a Dios, que nos ofrece también una buena ocasión para reflexionar brevemente acerca de las conexiones entre la Historia y la Literatura.
Justificamos esa reflexión porque Gautier ha escogido como personaje central de esta nueva obra suya a Juan Pablo Duarte, una de las figuras paradigmáticas de la historia nacional dominicana, y lo ha hecho con todas las licencias que se conceden a sí mismos los novelistas, entre ellas, la facultad de crear un mundo nuevo con personajes que nunca existieron materialmente, o con personalidades y circunstancias distintas a las que pudieron haber tenido en caso de que sean personajes históricos.
Como los demás panelistas analizarán la novela y sus contenidos en detalle, voy a aprovechar la ocasión, atendiendo a una petición que me hizo Manuel Salvador Gautier para que yo expresara hoy algunas inquietudes que tengo acerca de las novelas históricas y de la historia novelada, que aunque mucha gente las confunde, no son la misma cosa.
Una de las principales limitaciones que tiene la reconstrucción del pasado es que la Historia es fundamentalmente narración y que lo que conocemos como hechos históricos son las versiones construidas de los acontecimientos, no los hechos mismos.
En otras palabras, no podemos conocer lo que aconteció en el pasado si no es a partir de una narración construida que pretende representar aquel acontecer de manera “objetiva”, esto es, de manera tal que cualquier persona que quisiera acercase a los mismos acontecimientos debería llegar a conclusiones parecidas si utiliza los mismos materiales que utilizó el narrador para representar el pasado.
Sabemos, sin embargo, que las cosas no son así, y que aún cuando dos o mas historiadores tuvieran la oportunidad de manejar, al mismo tiempo, los mismos materiales y documentos, sus narraciones serían disímiles, aunque los “hechos” que narren fueran parecidos. Ello así porque cada uno posee categorías conceptuales muy distintas a través de las cuales esos materiales han de ser analizados y sintetizados, y cada uno tiene personalidad, ideología, inteligencia, intereses políticos, posición social y económica, y formación cultural distintas de los demás.
Además, cada historiador tiene maneras individuales de enfrentarse con los hechos históricos y posee criterios diferentes acerca de lo que constituyen esos hechos, así como distintas escalas de valoración de la importancia que tienen esos hechos como materiales válidos para la reconstrucción y narración del pasado (asumiendo que la función de los historiadores sea esa, precisamente: reconstruir y narrar el pasado en cualquiera de sus formas).
Como esas formas son múltiples, no podemos por lo tanto hablar de una sola historia, sino de distintas “historias”, aun cuando cada historiador se empeñe en reclamar que su narración es más objetiva o más “real” que otras.
La variedad de las narraciones históricas no solo depende de la variación personal y cultural de los historiadores, sino también de la multiplicidad de ángulos a partir de los cuales puede ser enfocada la realidad. Por eso vemos que existen muchas disciplinas históricas. Así tenemos historias económicas, sociales, culturales, demográficas, literarias, políticas, diplomáticas, militares, judiciales, religiosas, institucionales, etcétera.
Esas variedades de la historia se aproximan a la realidad, pero sin agotarla porque la realidad es multifacética y porque los materiales que han quedado del pasado son siempre parciales e incompletos y no es posible contar con toda la información disponible acerca de la ocurrencia de un hecho, pues no todos los hechos históricos fueron registrados como tales en el momento de su ocurrencia, ni todos los materiales relativos a su ocurrencia han podido ser conservados, y en el caso milagroso de que hubieran sido conservados, casi siempre es improbable que sean todos completamente asequibles al historiador.
Pero aun hay más: esos hechos no ocurrieron aisladamente. Fueron consecuencia de hechos anteriores y produjeron, ellos mismos, nuevas consecuencias. La historia, para que sea significativa, tiene necesariamente que contextualizar los hechos para entender la dinámica de su ocurrencia, y para ello el historiador debe examinar en el tiempo, esto es, cronológicamente, la conexión causal de los acontecimientos para poder explicarlos comprensivamente.
Se ha dicho más de una vez que la historia no puede prescindir del lenguaje narrativo y que ella misma es narración, y que solamente podemos conocerla mediante una narración, y que sin narración no hay historia posible. En tiempos pasados, antes del cine y la fotografía, la narración histórica estaba cercanamente conectada a la narración literaria, y la Historia era una actividad muy cercana a la Literatura.
Esta cercanía comenzó temprano pues antes del lenguaje escrito la historia de los pueblos se conservaba oralmente en tradiciones narrativas, sagas y leyendas que andando el tiempo adquirieron forma literaria. Al pasar de una generación a otra esas versiones fueron ampliadas y embellecidas, y hoy nos quedan muestras asombrosas de esas primeras historias orales convertidas en literatura en algunos libros de la Biblia y en la Iliada y la Odisea, para nada mas mencionar tres conocidos ejemplos.
Hace ya mucho tiempo que la narración histórica saltó del marco literario al formato audiovisual, y aunque seguimos narrando el pasado literariamente, también lo estamos haciendo en forma audiovisual con fotos, pinturas, filmes, “power-point presentations” y documentales de televisión. Esto lo podemos ver en las numerosas películas históricas y en programas de televisión proyectados por The History Channel, Discovery Channel, Nacional Geographic, PBS, Nova, y otros.
¿Quiere decir esto que la Historia ha cambiado? Creo que no, que lo que ha cambiado han sido los vehículos de la narración histórica o, mejor dicho, que han aparecido nuevas vías de contar la historia que las nuevas tecnologías han hecho posible. Por ello las narraciones audiovisuales, con toda su plasticidad, no han desplazado la narración.
En cambio, presenciamos hoy un escenario en el cual no sólo hay diversidad de disciplinas históricas, sino tambien diversidad de formas narrativas que hace algún tiempo no existían.
Todas estas formas coexisten, y llama la atención que no son excluyentes, sino complementarias, como ocurre desde hace mucho tiempo con la novela histórica, género este que en nuestro país comenzó a desarrollarse con “Enriquillo”, de Manuel de Jesús Galván, “Baní o Engracia y Antoñita”, de Francisco Gregorio Billini, y “La Sangre”, de Tulio M. Cestero.
La historia novelada dominicana tuvo sus inicios conscientes con los Episodios Dominicanos (“La Independencia Efímera”, “La Conspiración de Los Alcarrizos”, “El Arzobispo Valera”, y “El Ideal de Los Trinitarios”) de Max Henríquez Ureña, quien me refirió en una ocasión que su intención había sido escribir una serie de historias noveladas dominicanas (no novelas históricas, insistió Don Max) a la manera de los “Episodios Nacionales” que escribió Benito Pérez Galdós para España.
Pienso que la novela histórica y la historia novelada tienen validez como géneros literarios, como ficción consciente, como invención, como literatura. Epistemológicamente se diferencian poco de la historia en tanto que estos géneros literarios son al igual que la historia, una “invención” del pasado (sobre esto hay gran debate).
Su gran diferencia reside en que mientras los historiadores se preocupan por validar su narración con fuentes documentales o materiales que les sirven de instrumentos de constatación de la ocurrencia de ciertos hechos o procesos, los novelistas históricos utilizan (más o menos) esas fuentes como contexto, y nada más que contexto, para desde allí construir un universo imaginario que pretende reinventar (y a veces, reemplazar) la narración histórica con otra más comprensiva y más intuitiva de lo que pudo haber ocurrido.
Dicho de otra manera: en su trabajo el historiador enfrenta unos límites que la escasez documental le impide traspasar. Mas allá de la interpretación de las fuentes disponibles, el historiador puede reconstruir el pasado como “pudo haber ocurrido” de acuerdo a los documentos disponibles, pero no puede re-crearlo sin pruebas documentales pues de hacerlo así estaría faltando a la objetividad que es el mandato supremo de su disciplina.
El novelista, en cambio, no está sujeto a esta férula metodológica y epistemológica. Por el contrario, del escritor de novelas históricas o de historias noveladas se espera que lleve su narración más allá de lo que podrían hacer los historiadores, que complete la historia, que la profundice con versiones posibles de lo que pudo haber ocurrido dentro del contexto general de la documentación existente.
La gran diferencia entre el historiador y el novelista es que mientras el primero intenta reconstruir el pasado mediante una narración que pretende ser integral y verdadera, el segundo sabe que su invención es ficticia aun cuando su pretensión sea presentar los hechos de manera tal que el lector piense que pudieron haber ocurrido de esa manera.
Muchas veces he pensado que la novela histórica comienza en donde termina la historia. La legitimidad epistemológica de la novela histórica reside en que hay procesos, épocas, regímenes, coyunturas, etc., que necesitan ser narrados novelísticamente para ser explicados o comprendidos en su profundidad debido a que la documentación disponible a los historiadores apenas les sirve para analizar superficialmente el pasado y comprenderlo.
El caso de Juan Pablo Duarte y su vida es un ejemplo claro de esto que decimos. Es tan escasa y fragmentaria la documentación que ha quedado acerca de la vida de Duarte, tanto en el país como en su largo exilio, que los historiadores enfrentan serias dificultades para escribir su biografía con objetividad académica.
Con excepción de la reciente biografía de Duarte publicada por Orlando Inoa, casi todas las demás se valen de argumentos e interpretaciones extra-documentales para explicar pasajes ignotos de su vida o rasgos desconocidos de su personalidad, y por ello esas biografías contienen invenciones que las acercan más a la historia novelada que a la historia propiamente dicha.
Manuel Salvador Gautier ha optado por el camino radical, y se ha decidido por la invención total. Ha aprovechado lo que se sabe de Duarte para construir un “nuevo” Duarte con distintas circunstancias, un Duarte posible, pero inventado, tan inventado como los varios Duartes anteriores construido por algunos de sus más connotados biógrafos.
En este sentido, ¿cual es, entonces, la diferencia entre historia y novela, entre novela y biografía? ¿Será el Duarte de Gautier más verdadero que el Duarte de Balaguer o el de Troncoso Sánchez, entre los Duartes de los muchos otros?
Dejo a ustedes estas inquietudes que espero puedan resolver cuando terminen de leer esta nueva obra de Manuel Gautier que, entre otras cosas, les sorprenderá por la manera en que este autor despliega su imaginación creadora.

Muchas gracias.