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Sunday, July 11, 2010

04. Ateneo Insular Internacional, Santo Domingo, 27 de febrero de 2010 (Anécdotas)

ATENEO INSULAR INTERNACIONAL
(anécdotas de los amigos de MSG
sobre MSG)

El último fin de semana de febrero no hubo reunión del Ateneo Insular organizada por su Presidente, Dr. Bruno Rosario Candelier, ya que éste estaría fuera del país, y los ateneístas de la Capital decidieron convocar a una reunión local, el sábado 27 de febrero, para conmemorar los 80 años de Manuel Salvador Gautier, MSG 80.

Debía ser una ocasión festiva, de “traje”, en la que los asistentes leerían alguna anécdota sobre su relación con MSG en las actividades del Ateneo. Los ateneístas del interior del país, que no pudieran asistir, podían enviar sus anécdotas por correo electrónico. La reunión se hizo en casa de Gautier, ya que por ser Día de la Independencia, los locales literarios no estaban accesibles y se presumió que los lugares públicos estarían abarrotados.

Asistieron: Ofelia Berrido, Minerva Hernández, Melania Emeterio, Jarrizon Quevedo, Osiris Madera, Isael Pérez, Oneida González, quienes dijeron sus anécdotas, y MSG que las comentó. Se leyeron las anécdotas de Sélvido Candelaria y de Mónica Galleano Lehmann. Posteriormente, otros ateneístas enviaron sus anécdotas.

GRACIAS, AMIGOS Y AMIGAS, POR TANTA GENEROSIDAD EN SUS COMENTARIOS. YO TAMBIÉN LOS QUIERO.

Thursday, July 8, 2010

04i Altagracia Pérez Pytel: Algunas Pinceladas para el retrato de un Gigante


Por Altagracia Pérez Pytel

Lo conocí en el Ateneo Insular, organización literaria que ha visto desfilar a los más importantes escritores dominicanos de esta generación.
Recuerdo que fue en Puerto Plata, a finales del verano del año 1999, en un evento que reunió alrededor de unos 40 escritores, uno de los encuentros más concurridos realizados por esta institución.
Estaba de pies, en uno de los laterales de la espaciosa sala que nos acogía, proyectando una figura alta y gallarda, en dirección hacia un grupo de mujeres que lo rodeaban en un círculo concéntrico de palabras, cuya fuerza de atracción se inclinaba hacia él.
En aquel instante, yo no llegaría a imaginar ni se dio la oportunidad para calibrar la estatura de su personalidad. Fue en el fluir de los tiempos que se iría agigantando, creando perfiles y contornos jamás por mí, sospechados.
Partiendo desde la atinada conducción de su Presidente, el Dr. Bruno Rosario Candelier, hasta otros miembros importantes del Ateneo Insular, él se erige en mi memoria, de una manera muy singular.
Con charlas magistrales como “La Permanencia de lo Intrascendente”, hasta sus ensayos en torno a la Generación del 98 y otros, los cuales pude presenciar personalmente, puedo registrar como iba cobrando un espacio dimensional en mi conciencia.

Debo confesar, no sin reconocidas vergüenzas, que aún no había hecho contacto con su obra narrativa. El conocimiento de esta vendría después, precisamente luego de entrar en deslumbramientos por ese estilo tan brillante que fue desvelando con cada una de las presentaciones en estas conferencias.
Pero no era tan sólo por sus charlas magistrales, también era su particular forma de obrar. A veces lo contemplaba, dentro del grupo de escritores, en un simple estado de silencio, recortándose apenas en la sombra de aquellas noches, en una apostura que para mi resultaba regia, majestuosa.
Yacía sentado por lo general, con las piernas cruzadas, en la reunión de voces, cuyos ecos se alargaban sonoros, a veces hasta el arribo del despuntar de las madrugadas.
En aquellos intercambios históricos del Ateneo, él atraía mi atención -que ahora mi mente rastrea curiosa-, con aquella actitud que él desplegaba, que más que parlante, tendía hacia la observación de los otros.
Mientras algunos, quizás, pugnaban para hacer valer sus aciertos o destellos intelectuales, en intercambios de palabras ardientes, debates de saberes, bajo el fuego y la impronta del arte y el conocimiento, él parecía abstraerse en sabia disposición callada.
Sin embargo, cuando de su intervención se trataba, podía comprobar como sus comentarios o apreciaciones sobre cualquier aspecto de narrativa o poema discutido era escuchado con sumo respeto.
O en ocasiones, tan sólo era descubrirlo repartiendo unas galletas o chocolates que regalaba con sencillez campechana, creando un inesperado hilo de cercanía, o distribuyendo las copias de sus ponencias, que con justa distribución otorgaba a los asistentes.
Pero, la constatación de sus atributos y detalles que iban conformando su magna personalidad, ante mis ojos, no se consolidaría hasta la ejecución de una serie de talleres que inició el Ateneo para el aňo 2006.
Para ese entonces, ya había comprobado la belleza y riqueza de su lírica narrativa en su novela Serenata y yo, entonces, esperaba ansiosa por conocer su tetralogía Tiempo para Héroes.
Mi participación en el “Taller de Novela”, que se registró para mediados de abril del 2006, en la ciudad de Salcedo, no estaba prevista, ya que se había organizado sólo para los dirigentes ateneístas.
Pero, por casualidad del destino, la posibilidad de que el escritor Miguel Solano se ausentara para esa fecha motivó a don Bruno a sugerir mi asistencia, aparte de que se había flexibilizado la regla exclusiva de estar destinado sólo para los dirigentes.
Fue en esta temporada, que lo vi alzarse con una altura que aún impacta en mi cabeza. Desde febrero de ese año, que fue el mes en que se empezó a hablar de manera oficial sobre este Taller, comenzamos todos a observar el rigor organizativo con que él se manejaba.
En la presentación de las invitaciones y del programa a realizarse para el Taller, en ese mismo mes, en el encuentro efectuado en Montecristi, donde habló junto al poeta Jaime Tatem Brache, quien había propuesto la actividad y la organizaba, nos fue involucrando a todos en un ritmo decididamente vertiginoso, pero estimulador.
Luego, con anticipación necesaria, todos los inscritos recibiríamos material suficiente de apoyo e información para apoyar nuestros conocimientos en la elaboración de una novela.
Documentación que él con mucha diligencia y antelación, se aprestó a rastrear como basamento de formación para cada uno de nosotros.
Entre tanto, el trasfondo de ese exhaustivo tren para el preciso manejo logístico de esa actividad, lo conoceríamos más tarde en una copiosa crónica que él escribiría; mientras nosotros nos concentrábamos en la preparación de nuestras respectivas presentaciones.
Él, con su bien establecida fama de escritor, con unas seis novelas publicadas, muchas de ellas premiadas, había decidido no ser sólo la voz reinante en este Taller, había optado por una actividad participativa; guiada por su experiencia, pero creando la oportunidad para que fuéramos por nosotros mismos que descubriéramos y dilucidáramos los aspectos inherentes al mundo de la construcción de una novela.
El Taller despegaría en una lluviosa tarde de abril, lo cual nos forzaría a guarecernos corriendo en el recinto de la Casa de Retiro Santa Mónica, donde se iniciarían las tandas de una actividad guiada por una disciplina casi marcial que, de repente, él manifestaba ante el desconcierto de muchos.
De hecho, ya lo había planteado en las invitaciones, pero volvía a exigirlo contundente: no aceptaría ninguna interferencia ni diálogos entre los participantes, “interrupciones ociosas y demás fuentes de distracción...”, decía concluyente.
Buscaba nuestro rendimiento, buscaba mantener una disciplina para cumplir con un programa exigente, cuyo éxito -consideraba - se resquebrajaría, de no acatarse con lo planeado.
Las horas avanzaban, afuera el estruendo de las aguas, que casi inundaban los patios exteriores, no disminuía el vigor de los que les tocaban agotar sus turnos, tampoco la recia orden amainaba la actitud de obediencia, que, a regañadientes, se aceptaba.
Fue cuando escuché algunos de los participantes reclamar -por supuesto, de los más allegados a él-. Yo, que no me atrevía hablar ni a contradecir, contemplé aquel breve arrebato de rebeldía con temor.
Pensaba entonces, que su intenso imán desteñido en ese instante por su rectitud, se refractaba creando un incidente que posiblemente sería inmanejable; pensaba que aquel educador tan rígido no gustaría de ser disuadido en sus lineamientos.
Consideraba que tal vez podía sentirse amenazado en su liderazgo, por lo que aguardaba el desenlace de aquel imprevisto, casi con latidos tensos, pero fue ahí que pude ver que su reciedumbre se convertía en magia para los presentes.
Yo que escuchaba comentarios de lo que se esperaba fuera mejor para el desenlace del Taller, temía que él no tuviera la disponibilidad de doblegar su timón.
Por el contrario, sin alargar un instante que pudiera perjudicar el curso de aquel importante evento, vi aquel hombre de repente, abrirse en un diálogo de pareceres.
En un lapso de tiempo, permitía a los presentes disentir y aportar ideas de cómo hacer más exitoso aquel Taller.
Aquel hombre, que a parte de su prestigiosa estela de arquitecto, también tenía la de educador en las más importantes universidades del país, aflojaba su mando, para abrirse a consideraciones y debates.
Fue un momento raudo, pero en el que demostró con más exactitud su eficacia, y pude asimilar que detrás de toda corteza intelectual y profesional, también subyacen entretejidos más delicados de nuestro ser, que son los que en verdad, engendran nuestra humanidad.
Sin embargo, para esa ocasión no me acerqué a conversar con él, ni le manifesté lo que pensaba de aquel instante; aún no era el tiempo donde nos aproximáramos a profundidad en amistad.
Meses más tarde, después de leer su tetralogía Tiempo para Héroes, la cual me obsequió con mucha gentileza, pude comprobar una vez más, toda su capacidad creativa.
Además de su actitud de análisis y apreciación histórica, pude comprobar perpleja todo su tesón para urdir una trama, que como su título establecía, sólo un autor con tesitura de héroe podía embarcarse en tal aventura.
Tiempo para Héroes, con cuatro tomos, cada uno una novela de casi doscientas páginas, concebidas para la historia desde una gran imaginación, me haría llegar a la conclusión de que cada estudiante dominicano debía tenerla en su haber.
Entendí, entonces, que a mí se me había otorgado una gran oportunidad: la oportunidad de ser testigo, de caminar muy de cerca, junto a uno de nuestros más grandes escritores, que la posteridad y las presentes generaciones, por su innegable aporte a nuestro patrimonio literario y creativo, no podrían dejar de apreciar.
Comprendí, además, que los andamios para la edificación de cada vida, se levantaban anudados en pilares tras pilares de ejemplos, algunos débiles otros férreos, y que todo proyecto para largos alcances, debe estar anclado sobre todo en sólidos fundamentos.
El mío se descubre y trata de erguirse en estas evocaciones, guiada por los pasos de este gigante de nuestras letras, cuya resonancia sin dudas trasciende más de allá de los bordes de nuestra geografía, en repiques que saltan insubordinados a los límites del tiempo; en huellas imperecederas, trazadas por este ilustre escritor que todos conocemos como Don Manuel Salvador Gautier.

Sunday, May 9, 2010

04h Ofelia Berrido: Anécdota sobre Manuel Salvador Gautier

Ofelia Berrido

Ofelia Berrido: ANÉCDOTA SOBRE

MANUEL SALVADOR GAUTIER

A PROPÓSITO DE LOS HOMENAJES MSG80







Un día cualquiera del verano de 2008, Manuel Salvador Gautier, Minerva Hernández y yo regresábamos del encuentro mensual del Movimiento Interiorista, creado y dirigido por Bruno Rosario Candelier, cuando decidimos visitar el Centro E. León Jimenes de Santiago para disfrutar de la gran exposición Homenaje a Wifredo García. Tras unas horas de puro deleite estético y después de agotar el tema de la magnífica obra fotográfica de García, de su influencia como artista, docente y pensador empezamos a conversar sobre otros temas de interés.
Motivados por las palabras de un amigo, tratamos el tema de las personas que con un ego hipertrofiado terminan siempre discutiendo por creerse merecedores únicos de los méritos del trabajo en equipo. Doi comentó que generalmente esas controversias se dan entre amigos y concluyó que sus años de experiencia le habían enseñado a observar las disputas ajenas sin inmiscuirse. Aseguró que el tercero que opina es el que sale herido. Aseveró que nadie es perfecto y que las verdaderas amistades son a prueba de pleito y que al igual que en los matrimonios nadie debe intervenir. Nos expresó que una amistad valiosa no se debe perder por tonterías del ego o por una autoestima que, alta o baja, en ocasiones nos impide ver claro, y en otras, nos hace perder la amistad de un ser valioso. Manuel hace lo que predica y, hoy por hoy, es una persona objeto de grandes afectos, la más de las veces, por su estilo de vida y la forma de relacionarse con los demás.

04g Melania Emeterio: Sobre Gautier

Melania Emeterio, el Dr. Durán, Minerva Hernández y MSG
Encuentro en Constanza 2008
SOBRE GAUTIER

Melania Emeterio







Por Nieves Lidia Emeterio Rondón, Melania



Previo al testimonio/anécdota en la historia de mi relación amistosa con Gautier, paso a hace un brevísimo comentario que suscribo en el orden de unirme al entusiasmo sincero de quienes han tenido la iniciativa de festejar en grande el natalicio de Gautier y, en este mismo contexto, reconocer su labor como novelista. También comparto la alegría y la satisfacción con que MSG ha asumido estas celebraciones entorno suyo y de su producción literaria.
Antes del año 2003, en alguna ocasión había visto a Gautier. Recuerdo que en el “Simposio Internacional sobre Lengua y Literatura”, organizado por la Facultad de Humanidades de la Universidad Autónoma de Santo Domingo, del 19 al 21 de octubre del año 2000, fue la ocasión en que estuvimos más cerca, pues nos sentamos en la mesa principal, ya que tanto él como yo teníamos una ponencia en dicho evento. Pero fue en el año 2003, cuando (a sugerencia de Pura, mi hermana) comencé a participar en unas reuniones semanales que se hacían en casa de Gautier. Se trataba de un taller literario que el dirigía, el Francisco Javier Angulo Guridi, FRANJA G, del Ateneo Insular.
La primera anécdota que recuerdo es la de haber llevado al taller de Gautier uno de mis cuentos favorito. Pensaba que mi trabajo no tenía nada de objetable, mas cuando ya mi lectura iba por media cuartilla, y comenzaba en grande la descripción de los ambientes, Gautier paró mi lectura y dijo: un momento, tienes que quitarle todo eso, ¡que tanta flores! Entonces subrayé algunos detalles que debía eliminar o modificar, (algunos de los cuales coincidían con otras observaciones que ya me había hecho Diógenes Valdez) y seguí la lectura. Varios años después, haciendo limpieza de los trabajos literarios que yo tenía aplazado, tomé el cuento aquel y le hice una revisión general, luego de lo cual se lo envié a Gautier y le pedí su opinión al respecto. El me respondió con una media línea donde dijo solamente: ME GUSTÓ EL CUENTO.
Otra anécdota o hecho memorable para mí, ocurrió en Montecristi cuando fuimos a visitar la casa donde Máximo Gómez y José Martí firmaron el Manifiesto. En esa ocasión, el señor que fungía como guía, quiso explica - a su modo - lo que fue la verdad histórica en torno al Manifiesto, pero entendiendo MSG que el señor faltaba a la verdad, lo interrumpió abruptamente, diciéndole que se limitara a mostrar las cosas que estaban en exposición, pues no habíamos venido a escuchar sus explicaciones. Yo quedé un poco impactada, sentí la vergüenza ajena. Pensé que MSG fue muy drástico. Gautier tiene esos arranques temperamentales que nos asombran por ser tan inusitados.
Finalmente digo que, fue a partir de mi participación constante en el taller que dirigía Gautier, que llegué a vincularme con el Movimiento Interiorista del Ateneo Insular (del cual ya Pura me había hablado e invitado), pues él promovía estos encuentros e invitaba a que participáramos. El contacto con Gautier, mediante mi asidua participación en los encuentros interioristas, me ha permitido valorar en él :
• Su delicadeza y amabilidad en el trato
• El sostenimiento vehemente de las ideas propias
• Su dedicación a tiempo completo a la escritura, los logros obtenidos, y la decisión de seguir avanzando.
27 de febrero de 2010

04f Osiris Madera: El hombre que se rediseñó

EL HOMBRE QUE SE REDISEÑÓ
Osiris Madera


Me chocó que mi querido amigo, el poeta Isael Pérez, llamase un sábado por la tarde.
-Doi Gautier tiene una reunión con escritores en su casa esta noche, dentro de las celebraciones de sus ochenta años; nos vemos por allá.
Me aparecí como a las ocho. Ya el escritor conversaba con Emilia Pereyra y Ofelia Berrido, sentadas en los sofás. Isael y su esposa, más allá, degustaban un vino. El joven poeta Jarrizon Quevedo, a quien no conocía, miraba a los demás. Doi, sentado en una silla, cerraba un círculo.
Lucía risueño, con la serena energía que me transmitía las veces en que habíamos compartido Se paró de la silla y fue hasta la mesa donde reposaban las botellas de vino y me sirvió una copa. Regresó a su silla y, ya en ella, dando palmadas como quizás convocaría en otros tiempos a sus alumnos, tomó la palabra.
-Vamos a comenzar esta reunión del Ateneo Insular cuyo objetivo ya conocen: es para que relaten alguna vivencia o anécdota que guarden en sus recuerdos de mí, conmigo.
Cada uno de los presentes contó su anécdota, interrumpida con comentarios. Luego leímos las que habían enviado los ateneístas que no pudieron venir.
Él nos habló de su paso desde la arquitectura hacia la literatura. Nos narró con entusiasmo sus logros como arquitecto y cómo desde su jubilación se rediseñó a sí mismo convirtiéndose en un laureado narrador.
Oyéndolo hablar mi mente voló hacia otra tarde en la Universidad Complutense en que el Profesor Aranguren se despedía de la cátedra de filosofía. Hablaba él entonces de la alegría que espera al hombre de letras tras el esfuerzo de años con un reconocimiento que continuamente se agiganta, y nos hacía ver la diferencia con otras actividades en que los años te hacen venir a menos. ¡Es un gran premio a una vida transcurrida muchas veces con estrecheces!
Esa noche, otra muestra de aquella felicidad sencilla volví a tenerla frente a mí, sin esperarlo, en la sonrisa satisfecha de Manuel Salvador Gautier.

04 e Jarrizon Quevedo: Anécdota

ANÉCDOTA
Jarrizon Quevedo


Además de ser el único dentro del interiorismo dominicano que siempre leía narrativa en las reuniones, Doi también era el único en tener un colectivo de muchachos como grupo interiorista, cosa que llamó siempre mi atención pues tiene una facilidad increíble para interactuar con ellos sin dejar de ser exigente.

El, ¿cómo lo hace?

Esto lo descubrí una vez volviendo de una reunión interiorista en Santiago, mientras cruzábamos por la Av. México, junto al Palacio de la Policía Nacional. Doi, que se había quedado en silencio, preguntó de repente: ¿Cuántos escalones tendrá la escalinata? (El Palacio tiene un piano nobile al que se accede desde fuera por una escalinata muy empinada, lo más notorio de su fachada).

Pienso que sólo a una persona de imaginación inquieta se lo ocurriría una pregunta como esa y es que Doi además de maestro, es un muchacho que vive en Manuel Salvador Gautier.

04d Minerva Hernández: Anécdota de una vivencia con Manuel Salvador Gautier

Minerva Hernández el día de su cumpleaños con MSG

ANÉCDOTA DE UNA VIVENCIA

CON MANUEL SALVADOR GAUTIER

Minerva Hernández

El acontecimiento que ahora cuento ocurrió hace alrededor de tres o cuatro años, durante un encuentro mensual del Ateneo Insular celebrado en Puerto Plata, la novia del Atlántico, en la bella casa de la familia de poetas Díaz Felipe, una bella construcción arquitectónica realizada por Arsenio Díaz, quien es arquitecto, con una distribución en unos espacios muy especiales, lo que hace a uno sentirse muy a gusto, además por las finas atenciones de Carmen Felipe y la calidad en general de todos anfitriones, con lo que se completa el bienestar de uno visitarles y allí pernoctar.

Luego de concluir el encuentro nocturno, cuando ya nos retirábamos a dormir, como siempre, nos invitaron a dar una vuelta por Puerto Plata, a lo que accedimos algunos. Entre los que nos marchamos juntos, nos encontrábamos Manuel Salvador Gautier, Henry Santos, Guillermo Pérez y yo, mientras otros se retiraron a dormir; me parece que alguien más nos acompañaba, sin embargo, ahora no recuerdo.

Partimos de la casa, mientras los demás dormían. Luego de dar varias vueltas por la ciudad, enfilamos rumbo a Playa Dorada y allí llegamos al Bar Hemingway. La música no permitía conversar, pedimos un Brugal y lo tomábamos dando vueltas por el lugar, hasta un momento cuando dice Manuel Salvador Gautier: -Yo les propongo que bailemos y luego nos sentemos en aquella mesa, y señaló una ubicada a cierta distancia de la pista en la terraza exterior del bar, agregó que incluso así nos podíamos apartar un poco y sentarnos a conversar. Me sorprendió mucho y me alegró, porque él expresó que no podíamos desperdiciar esta parte de la noche con esa música estridente y sí la podíamos aprovechar de otra forma, al mismo tiempo.

Así lo hicimos, hasta comprobar que la conversación literaria estaba mucho más divertida que el baile con la música fuerte. No puedo negar que bailamos muchísimo entre la poesía y la novela. Disfrutamos bastante la noche gracias a Doi, Manuel Salvador Gautier, quien era la persona de mayor edad de todos los presentes en la excursión a Playa Dorada, en la noche del fin de semana que celebramos el encuentro del Ateneo Insular en Puerto Plata.

Eso ocurrió el año 2004 ò 2005. Que Dios bendiga a Doi y le permita seguir siendo ese perfecto caballero de buenas costumbres, amable, respetuoso y divertido, porque es un estímulo y ejemplo a seguir.


Minerva Hernández García
Miembro del Ateneo Insular

04c Lucy Encarnación: Salvador Gautier

SALVADOR GAUTIER
Lucy Encarnación





Salvador: Es una persona increíble él inyecta ánimo a quienes están a su alrededor. Recuerdo la ocasión en que teníamos un encuentro literario en la hermosa ciudad de Constanza (26/1/2008), luego de partir de la casa del escritor Interiorista Roberto Adames, hacia el lugar donde tendríamos la tertulia, el cual no estuvo disponible, nos devolvimos a la ciudad, tuvimos la tertulia en casa del escritor Roberto y con la presencia del
Dr .Bruno Rosario Candelier , al finalizar buscamos lugar para pernoctar y encontramos dos habitaciones que se comunicaban entre si. Nos repartimos según los géneros, luego en la madrugada observé a Salvador que se dirigía hacia la puerta de salida al preguntar que pasaba escuché a alguien decir que él no se sentía bien y se dirigía a la clínica más cercana acompañado de la escritora Argentina Romina Bayo.

Es admirable la pasión y fortaleza que siempre acompañan a este gran intelectual y escritor del movimiento Interiorista.

Le deseo mucha salud y éxito.

Afectuosamente: Lucy

04b Mónica Galleano Lehmann: A Manuel Salvador Gautier, Doi

Mónica Galleano Lehmann en el Taller de Novela
Salcedo 2006
A MANUEL SALVADOR GAUTIER: DOI

Por Mónica Galleano Lehmann
Me pregunto: ¿Cuándo conocí a Doi? En la realidad “real” como dice Bruno en su Antología “El Ideal Interior”, lo conocí en un encuentro muy particular del Ateneo, cuando éste cumplía quince años. Pero en la realidad trascendente entiendo que nuestros espíritus se conocían de toda la vida.

Para el aniversario número 15º del Ateneo, pernoctamos en la casa del poeta Pedro Gris. Cuando vi a Doi por primera vez se me representó el Quijote de la Mancha. Pensé: Si hay una persona que encarnase físicamente al Quijote en mi imaginación, sería Doi: Altísimo, delgado, de nariz aguileña, cabello blanco y fino, manos con dedos largos y delicados, ojos inexplicablemente apacibles, con el color que se puede encontrar en la profundidad de un lago, voz cavernosa…

Su figura estremeció mi corazón. Me hablaba de lo que Doi podría llegar a ser, un hombre maravilloso, de pensamiento profundo y corazón de niño… Y así fue. Cuando más tarde conversamos, y luego, en otras reuniones del Ateneo compartimos algunos momentos únicos, su naturaleza confirmó lo que había atisbado desde su fina estampa. Doi se expresaba con la calma de una persona ilustrada, culta, pero además con la sencillez y alegría con que se suelen manifestar los chicos cuando están inmensamente felices.

No sé si él lo recuerda, pero le dije que su ánimo jovial era envidiable, y él me contestó: “Soy feliz, hacía mucho tiempo que quería dedicarme a esto, a escribir, antes tenía muchos compromisos y era difícil avocarme a la escritura, ahora me he jubilado y pude cumplir mi sueño y eso me hace inmensamente feliz”.

Sentí que era su respuesta pero también una luz de esperanza en el camino de muchos que tenemos compromisos laborales y familiares que no nos permiten escribir tanto como quisiéramos.
Mis saludos y un fuerte abrazo para un compañero que supo ir tras su sueño.

04a Sélvido Candelaria: “Entonces usted conoce a Doi”

Sélvido Candelaria en Artemiches
26 de junio de 2010

"ENTONCES USTED CONOCE A DOI GAUTIER"

Sélvido Candelaria

Hacía algunas semanas que había asistido, como observador, a un encuentro del Movimiento Interiorista en La Romana y recientemente acababa de participar en el primero, como miembro activo del grupo.
Ahora le comentaba a mi amigo y mentor, Rafael Peralta Romero, sobre el particular, en el balcón de su casa.
―Entonces, usted debe conocer a Doi ―me dijo después que le conté los pormenores de esos encuentros y las expectativas que me habían creado.
―No, no sé quien es ―le contesté con toda franqueza.
―Eso es imposible. Doi no se pierde ni uno de esos encuentros.
―Bueno… en realidad yo no conozco los nombres de todos pero no recuerdo ese nombre entre los presentes.
―Quizás por ese nombre, no. Pero él debe ser el más viejo del grupo. Es un señor alto, con el pelo blanco que habla muy pausadamente y que ha ganado varios premios como novelista.
―Ah, pero te refieres a don Manuel ―dije yo asombrado de que una persona con esa aura de respetabilidad pudiera responder a un apelativo tan familiar.
A partir de ahí no lo dudé más. Enarbolé a don Manuel Salvador Gautier como un ejemplo a seguir. Mis dudas sobre querer ser escritor después de los cuarenta y cinco años se habían evaporado cuando supe que él comenzó a escribir pasado los cincuenta. Y, en este momento, después de conocer el apodo que le daba una inocente dimensión humana, también desaparecía la incertidumbre sobre mis posibilidades de alcanzar algún reconocimiento literario con el sobrenombre de Armandito.